domingo, 3 de diciembre de 2017

Los bancos ganan a Basilea la batalla por el control del riesgo de su propia banca en la sombra



Por Inés Abril
Expansión, 02/12/2017.

Los bancos llevan años reclamando el control de la banca en la sombra: las compañías que prestan servicios similares a los financieros y que dan financiación deben estar sometidas a las mismas restricciones que ellos, aseguran. Pero no son tan proclives a la regulación cuando se trata de las actividades de banca en la sombra que realizan ellos mismos. Basilea ha tratado de acotar el riesgo potencial con requerimientos previos de capital y la rebelión del sector bancario en pleno le ha llevado a dar marcha atrás.

La versión final de las directrices que ha aprobado el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea así lo indica. El organismo del que emana la regulación de la banca mundial recibió el encargo de las grandes potencias del G20 en 2015 de fortalecer la regulación del sistema de banca en la sombra y, sobre todo, de mitigar el riesgo de que un accidente en una de estas entidades salpicara a los bancos.

Basilea identificó como uno de esos peligros el llamado step-in risk, el riesgo de que un banco salga al rescate de alguno de los negocios que tiene fuera de balance para evitar problemas reputacionales a pesar de no tener obligación legal de hacerlo.

«En algunos casos, los bancos prefieren sostener determinadas entidades de banca en la sombra que estén pasando por dificultades financieras antes que dejarlas caer y afrontar la pérdida reputacional», señala el documento publicado por Basilea.

¿Cuáles son estas entidades? Cualquier que esté fuera de balance, pero ligada al banco, aunque solo sea por el nombre o por una comisión de asesoría o gestión. Fondos de inversión, fondos de titulización, vehículos financieros, fondos de deuda.., Basilea no descarta nada; serán los bancos los que tengan que evaluar el riesgo potencial en cada una de las posibles afectadas.

A partir de 2020

La obligación entrará en vigor a partir de 2020, fecha tope para que los distintos países hayan adaptado a sus regulaciones las directrices de Basilea. Los bancos deberán medir su exposición a la banca en la sombra, convencer al regulador de que han puesto en marcha los necesarios mecanismos mitigadores del riesgo y comprobar periódicamente cómo va el peligro.

Lo que no tendrán que hacer es reservar capital a priori para compensar el riesgo. Basilea introdujo esta posibilidad en su primer borrador de directrices de diciembre de 2015. La banca se levantó en pleno contra ello y ha logrado la victoria. Ya en el segundo borrador del pasado mes de marzo, la exigencia de recargos previos de capital fue eliminada y ahora la versión definitiva lo confirma.

Santander y BBVA estuvieron entre las entidades que más pelearon para conseguir el cambio. «Los dos bancos están preocupados por el efecto que la propuesta del Comité de Basilea, su alcance y sus potenciales implicaciones pueden tener en la capacidad de los bancos para participar en actividades financieras clave, como la gestión de titulizaciones y de fondos», escribieron en 2016, en una carta conjunta remitida al regulador mundial.

Su queja ha surtido efecto. «El Comité reconoce que la valoración de cada banco tiene que ser evaluada por el supervisor con el objetivo de llegar a una solución personal y hecha a medida, más que a una estandarizada», señala Basilea. Eso significa que no habrá café para todos, sino negociaciones con el supervisor de cada país para llegar a un acuerdo sobre la valoración de los riesgos.

Pero la parte más importante es la que afecta al capital. En un país donde la gestión de fondos está tan bancarizada y donde los bancos están recurriendo tanto a las comisiones de su negocio de fondos de inversión para paliar la caída de la actividad tradicional como España, imponer recargos previos hubiera supuesto un serio varapalo para las entidades.

Esa posibilidad está ahora en la papelera, junto con algunas otras de las propuestas que contenía la primera propuesta de 2015. «Estas directrices no implican un cargo de capital de Pilar 1 o de liquidez adicionales a los que existen en la regulación de Basilea», es la frase clave incluida en el nuevo documento que indica el cambio definitivo de postura.

Ahora, el objetivo de Basilea es «proveer a los bancos y a los supervisores de un método para identificar el riesgo de salir al rescate de los negocios de banca en la sombra». Y la pelota está en el tejado de los bancos, que «son los responsables de elegir la respuesta más apropiada al riesgo una vez que el peligro ha sido identificado». El papel de los supervisores ya no es previo, sino posterior: tendrán que «comprobar y poner en cuestión la respuesta adoptada por los bancos cuando sea necesario».

Disponible en:

sábado, 2 de diciembre de 2017

Más puertas giratorias


El ICO convoca una oferta de empleo público mientras adeuda un millón a su plantilla



Por Alfredo Varona
Público.es, 01/12/2017.

Hace tres semanas la manifestación de los trabajadores del ICO (Instituto Oficial de Crédito) concluía, a las puertas del Ministerio de Hacienda, con un grito unánime y enérgico: "¡Basta ya!". El mensaje iba dirigido al ministro Cristóbal Montoro que, desde 2014, no ha autorizado a pagar las cantidades que el ICO tiene pendientes con sus trabajadores y que, a día de hoy, ascienden a un millón de euros. Sin embargo, fuentes sindicales del sector de empresas públicas estatales (EPE) de CSIF en el Banco del Estado aseguran que, desde entonces, no se ha recibido respuesta por parte de la dirección. "La única solución es seguir luchando y tirando de paciencia", justifican.

La paciencia, sin embargo, ha vivido un nuevo desafío esta semana, puesto que el ICO ha convocado una oferta de empleo público de 16 plazas para técnicos en distintas áreas, cuya fecha de solicitud será hasta el 18 de diciembre (inclusive). Un proceso que se inicia en medio de la cada día más evidente tensión de una plantilla, entre los que hay trabajadores a los que se debe 24.000 euros desde 2014 cuando se les reconoció su nueva categoría profesional lo que, sin embargo, no se traduce en el pago de la cantidad correspondiente en la nómina. El argumento ya es inconveniente en una entidad pública que en 2016 dio 448 millones de euros de beneficio: "El motivo que dan es que desde el Ministerio de Hacienda no se autoriza el pago y, sin embargo, sí se autoriza ahora una convocatoria de empleo".

"¿Qué sentido tiene esto a estas alturas?

Así lo manifiestan estas mismas fuentes del sindicato CSIF, que esta semana participaba en un desayuno reivindicativo a las puertas de la sede del ICO, en el Paseo del Prado, coincidiendo con la visita de los consejeros. En un escenario como éste, en el que los años pasan y las demandas de los trabajadores siguen su curso en los tribunales, la plantilla no descarta continuar con nuevas movilizaciones para solucionar este problema en el que se registra una situación anómala: una empresa del Estado que no respeta lo que está firmado con los trabajadores y que se niega a negociar.

Los trabajadores volvieron a recordar en la movilización del martes que una vida laboral sin promoción profesional menosprecia "los principios de mérito, igualdad y capacidad" recogidos en el artículo 19 del Estatuto Básico del Empleado Público, que garantiza el derecho que se ha vulnerado totalmente en el Banco del Estado: "Carrera profesional y promoción del personal laboral". Una situación aún más extraña si cabe en una entidad como el ICO desde la que se gestionan los Fondos de Financiación a Comunidades Autónomas y Entidades Locales. De ahí que los trabajadores se nieguen a darse por vencidos. "La única pena es que hemos tardado en empezar con las movilizaciones", recuerdan las mismas fuentes de CSIF.

Disponible en:

viernes, 1 de diciembre de 2017

Puertas giratorias


La banca siempre gana con los planes de pensiones



Por Vicente Clavero
Público.es, 01/12/2017.

En un país donde el 20% de los asalariados no cobran ni mil euros al mes, es difícil que el éxito acompañe a los planes de pensiones. Aun así, hay ocho millones de españoles que tienen dinero colocado en este instrumento de ahorro a largo plazo. Aspiran con ello a vivir una jubilación más desahogada de la que les permitirá su sola pensión de la Seguridad Social. Sobre todo teniendo en cuenta los negros nubarrones que se ciernen sobre el sistema público, debido al envejecimiento de la población, a la crisis económica y a la generalización de empleo precario y mal pagado.

Para la banca, que controla los planes de pensiones, éstos son un magnífico negocio. Le permiten tener cautivos los más de cien mil millones de euros que a día de hoy acumulan y cobrar encima las correspondientes comisiones por depósito y gestión. A cambio ofrecen rentabilidades muy modestas, que a veces cubren a duras penas los gastos. De ahí que el mayor atractivo de los planes sea la posibilidad de desgravar las aportaciones cuando se hace la declaración anual de la Renta. Lo que significa que, al final, quienes pagamos la fiesta somos el conjunto de los españoles.

Pues bien, la banca está que trina porque el Ministerio de Economía ha anunciado su intención de facilitar al máximo el rescate; es decir, la recuperación del dinero ahorrado antes de la edad prevista de jubilación. Ahora sólo puede hacerse si concurren supuestos especiales: desempleo de larga duración, amenaza de ejecución hipotecaria o enfermedad. La idea de Luis de Guindos se resume en renunciar a esta limitación e incluso al tope de diez mil euros que se había barajado, dejando sólo la condición de que el plan tenga una antigüedad mínima de diez años.

El temor de la banca, según dicen sus representantes, es que se produzca una avalancha de retirada de fondos y se le fastidie el negocio. Pero no tiene razones para ello. En primer lugar, porque los partícipes son muy reticentes a sacar el dinero si no tienen motivos de peso, habida cuenta el coste fiscal que conlleva. De hecho, en 2016 sólo un 8,6% pidieron el rescate, según datos oficiales. Y en segundo lugar, porque el Ministerio de Economía no tiene la menor intención de poner la zancadilla a los fondos de pensiones, sino más bien todo lo contrario.

Las medidas que planea De Guindos pretenden dotarles de mayor atractivo, para que la gente se anime a suscribirlos, sin miedo a que el dinero se quede cautivo hasta el fin de la vida laboral. Dicho de otro modo, lo que pierda la banca por un lado lo puede ganar por otro, y el balance final seguramente será positivo para ella. Que lo sea para los ciudadanos, en cambio, es harina de otro costal. Sobre todo si facilitar el ahorro para la jubilación encierra un reconocimiento implícito de que el sistema público no da más de sí y hay que ir olvidándolo. Lo cual sería una auténtica catástrofe.

Disponible en: