domingo, 2 de julio de 2017

El banco francés BNP Paribas, denunciado por presunta complicidad en el genocidio de Ruanda



Público.es, 30/06/2017.

Tres ONG han presentado una denuncia en París contra la entidad financiera gala BNP Paribas, acusada de complicidad en el genocidio de 1994 en Ruanda por aprobar el traspaso de 1,3 millones de dólares desde el Banco Central ruandés a un traficante de armas.

Más de 800.000 personas de etnia tutsi y hutus moderados fueron asesinados en el marco de una masacre que se prolongó durante tres meses y que tuvo como desencadenante el derribo del avión del entonces presidente, Juvenal Habyarimana, en abril de 1994.

Tres organizaciones --Sherpa, Colectivo de Partes Civiles para Ruanda (CPCR) e Ibuka Francia-- sostienen que BNP Paribas es cómplice de genocidio, crímenes contra la Humanidad y crímenes de guerra por una transferencia que, según los denunciantes, violó el embargo armamentístico impuesto por Naciones Unidas.

El beneficiario de la transferencia en cuestión fue el coronel hutu Théoneste Bagosora, que adquirió a un traficante 80 toneladas de armas el 17 de junio de 1994 que llegaron a la ciudad ruandesa de Gisenyi a través de Goma, en República Democrática del Congo. Bagosora, de 70 años, cumple una condena de 35 años de cárcel por crímenes contra la Humanidad.

Las ONG sostienen que la firma antecesora de BNP, Banque Nationale de Paris, que se fusionó con Paribas en 2000, había aceptado conscientemente el envío de 1,3 millones del Banco Central de Ruanda, su cliente, a una cuenta en Suiza del traficante de armas. Según la denuncia, "BNP habría sabido el destino de los fondos".

"Nos hemos enterado de la denuncia a través de los medios. Por el momento, no tenemos suficiente información para poder comentar", ha alegado BNP Paribas en un correo electrónico remitido a la agencia Reuters. También ha evitado realizar valoración alguna el gobernador del Banco Central ruandés, John Rwangombwa.

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Contra el crimen organizado


Engorda la gran banca, pierden los consumidores



Por Vicente Clavero
Público.es, 16/06/2017.

Antes de que estallara la crisis, había más de medio centenar de entidades financieras en España. Tras la reciente absorción del Popular por el Santander, ya sólo quedan doce. El proceso de concentración vivido en el sector se ha llevado por delante a las más pequeñas o a las que, sin serlo, arrastraban mayores problemas. Entre ellas figuraban las cajas de ahorros, que prácticamente han desaparecido del mapa durante este tiempo. Su presencia es hoy residual, excepción hecha de La Caixa y de Caja Madrid, ambas reconvertidas en poderosos bancos y que responden ahora los nombres de Caixabank y Bankia.

El brutal descenso experimentado por el número entidades financieras no es la consecuencia (o al menos no principalmente) de un inevitable proceso de selección natural. Las cajas de ahorros se han ido al garete por la temeraria gestión llevada a cabo por sus administradores, cuando no por la avaricia y la falta de escrúpulos de las que han hecho gala muchos de ellos. No es que se hubieran quedado sin mercado (llegaron a copar el 50%) o que no supieran adaptarse a una nueva realidad. Lo que pasó es que sus responsables (políticos en la mayoría de los casos) se las cargaron con la misma inconsciencia con que se mata a la gallina de los huevos de oro.

Hay excepciones, por supuesto, aunque no demasiadas; porque fue una catástrofe generalizada, a veces con las características de un auténtico saqueo. La desvergüenza de las tarjetas black de Caja Madrid (e incluso de Bankia en tiempos de Rodrigo Rato) es un ejemplo sangrante, pero uno solo. Por los abusos cometidos han sido condenados ya antiguos consejeros de entidades tan variopintas como Bancaja, Caja Castilla La Mancha, Novacaixagalicia, Caixa del Penedés o Caja de la Inmaculada. Más de 300 imputados ha llegado a haber por este desastre; entre ellos, nada menos que un exvicepresidente del Gobierno, Nacís Serra, que estuvo al frente de Catalunya Caixa.

Pese a no estar invitados, los contribuyentes hemos sido obligados a pagar la factura de la fiesta: unos 60.000 millones de euros, cuya recuperación es altamente dudosa, por decirlo de alguna manera. Con ese dinero se han cubierto los agujeros (que eran muchos) y las entidades en quiebra han quedado niqueladas para su posterior venta. Además, los compradores han recibido todo tipo de garantías económicas ante futuros quebrantos, no fuesen a tener que correr algún riesgo. Un negocio redondo, por tanto, que ha hecho más grandes a los que ya eran grandes, gracias en buena parte a la concienzuda limpieza realizada con cargo a los fondos públicos.

La consecuencia del proceso de concentración, pagado con dinero de todos, es que hoy los seis bancos incluidos en el Ibex (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Sabadell y Bankinter) acumulan ya casi el 80% del ahorro de los españoles. De los seis, sólo el último ha engordado por sí mismo, sin comerse a nadie y sin ayudas estatales. A los otros, la jugada les ha salido a pedir de boca, porque tienen más peso y menos rivales en el mercado que cuando estalló la crisis. Es decir, son bastante más fuertes y, por lo tanto, tienen más poder; justo lo contrario de lo que nos interesa a los consumidores.

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La manía de mentir sobre la banca



Por Vicente Clavero
Público.es, 30/06/2017

Desde la debacle de las cajas de ahorros hasta la reciente intervención del Popular, algunos responsables políticos han demostrado un preocupante desconocimiento de la realidad o un deseo poco honorable de taparla. Nos dijeron entonces y nos han vuelto a decir ahora que aquí no pasaba nada, que disfrutábamos de un sistema financiero potente y que, aun si venían mal dadas, no se utilizaría un solo euro público para rescatarlo.

Es fácil encontrar ejemplos de unas manifestaciones que pronto se demostró que sólo podían responder a la ignorancia o a un descarado deseo de ocultación. En septiembre de 2008, mientras la tea de las hipotecas basuras prendía fuego a la banca estadounidense, José Luis Rodríguez Zapatero, a la sazón presidente del Gobierno, aseguraba ante decenas de empresarios en Nueva York que la nuestra era “quizás” las más sólida del mundo.

Apenas un par de años después, la ministra de Economía a la que le estalló en las manos la crisis de las cajas de ahorros, Elena Salgado, seguía con la misma cantinela. “Nuestro sistema financiero es absolutamente solvente”, dijo con todo desparpajo en una entrevista que la cadena SER le hizo el 24 de mayo de 2010. En aquel momento ya habían sido intervenidas Caja Castilla La Mancha y Cajasur, pero lo peor estaba todavía por venir.

En julio, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, tampoco tuvo el menor reparo en dar la cara por la banca después de las primeras pruebas de estrés. Aunque señalaban la delicada situación de cinco entidades, cuatro de ellas grupos de cajas de ahorros, Fernández Ordóñez subrayó el “elevado nivel de solvencia” del sector. Poco más tarde caían la CAM, Unim, Catalunya Caixa, Novagalicia Banco y el Banco de Valencia.

A las elecciones de 2011 se llegó con el sistema financiero abierto en canal y necesitado de recursos para remontar el vuelo. Probablemente muchos de ustedes recuerden cómo Mariano Rajoy se comprometió en campaña a solucionar el problema sin que costara dinero a los españoles. Al año siguiente, pidió un rescate de 60.000 millones para pagar, entre otras cosas, los platos rotos de Bankia. Ni el Banco de España cree que se vayan a recuperar.

Con el Popular se ha repetido la historia, aunque las circunstancias y la resolución hayan sido algo distintas. En 10 de abril de este año, durante una conferencia celebrada en Barcelona, Luis de Guindos aseguró que era un banco “saneado”. Apenas un mes después, el Popular fue intervenido y adjudicado al Santander por un euro, con grandes pérdidas para los accionistas que aguantaron hasta el final, quizás porque creyeron al ministro de Economía.

Zapatero, Salgado, Fernández Ordóñez, Rajoy, Guindos… ¿no sabían que parte de nuestro sistema financiero estaba podrido o lo sabían pero no podían admitirlo públicamente para evitar males mayores? ¿Son conscientes ahora de que su desconocimiento o sus mentiras han llamado a engaño a mucha gente? ¿No se dan cuenta unos y otros de que parece que siempre intentan salvar el culo a los mismos?

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