domingo, 28 de agosto de 2016

Hasta por respirar


La banca sube las comisiones para mitigar la caída del negocio tradicional



Por Ana Balseiro
La Voz de Galicia, 25/08/2016.

Tras años de apostar sin fisuras por una política comercial de cero comisiones para los clientes, la banca española está virando. Se impone la necesidad de mitigar la caída del negocio tradicional, fuertemente presionado por el entono de tipos bajos -e incluso negativos-, que comprometen su rentabilidad. Por eso, además de los ajustes vía gastos -reducción de red o una segunda ronda de fusiones-, las entidades estrujan su inventiva para reflotar los balances generando más ingresos a través del cobro de comisiones por sus servicios: desde la gestión de fondos y planes de pensiones hasta cualquier tipo de asesoramiento.

Según los datos de las patronales del sector, AEB y CECA, en el primer trimestre del año -último dato cerrado- las entidades españolas (excluido el negocio internacional) ingresaron por comisiones 2.530 millones de euros, o lo que es lo mismo, prácticamente 30 millones al día, coincidiendo con la entrada en vigor de la nueva normativa sobre comisiones por disposición de efectivo en los cajeros.

Porque la decisión de Caixabank de cobrar dos euros por el uso de sus cajeros a los no clientes de la entidad, y el efecto arrastre entre el resto de bancos, se tradujeron en una penalización para el bolsillo de los usuarios, denunciada reiteradamente por las organizaciones de consumidores y que incluso obligó al Ejecutivo a regular para evitar la doble comisión.

Un reciente informe de Competencia concluyó, de hecho, que la entrada en vigor del nuevo modelo ha favorecido especialmente a las grandes entidades, propietarias de las mayores redes de cajeros, que han triplicado (pasando de 0,65 euros a una horquilla de entre 1,80 y 2 euros) la tasa que cobran a otros bancos por el uso que sus clientes hacen de los cajeros.

Aviso de patronal y regulador

En abril el presidente de la Asociación Española de Banca, José María Roldán, fue el primero en enviar un aviso a navegantes al advertir que «el cliente tendrá que acostumbrarse a pagar por los servicios bancarios». El Banco de España recogió el testigo en su Informe de Estabilidad Financiera de mayo, en el que su receta para que el sector salve los muebles incluía que «refuercen sus ingresos mediante la provisión de servicios a sus clientes». Es decir, más comisiones, recomendación idéntica a la llegada desde el Banco Central Europeo (BCE).

Y el sector -con algunas excepciones- se ha replanteado su estrategia de comisiones cero, lo que se traduce en un incremento de sus ingresos por esta vía, como constató el pasado julio el Banco de España en su último Boletín Económico.

Según el servicio de estudios del BBVA, las comisiones suponen el 23 % de los ingresos de la banca española, pero aún están por debajo del porcentaje de Alemania (27 %) o Francia e Italia (33 %), lo que aún da margen. Frente a la presión del sector, la resistencia de los usuarios. En el último informe realizado por Adicae, esta organización de consumidores sostenía que las comisiones que las entidades cobran a sus clientes se han incrementado en un 25 % anual: hoy un cliente medio paga casi 400 euros al año, casi 80 más que doce meses atrás. El colectivo insistió además en «la desproporción» de los importes que se aplican al usuario (por ejemplo, cobrar 50 euros por tener un descubierto de 30 euros en la cuenta durante 24 horas), que disparan el descontento y las quejas. Los últimos repuntes se están notando en mantenimiento de cuentas o en la nuevas tarjetas a los clientes menos fidelizados.

De hecho, desde Facua recuerdan que la banca es uno de los sectores que mayor número de reclamaciones y denuncias concentra por parte de los usuarios, y que la laxitud legal para cobrar comisiones por cualquier tipo de servicio complica el proceso.

«Los bancos ya cobran en muchas ocasiones comisiones de mantenimiento y administración en cuentas abiertas por obligación de la propia entidad para domiciliar pagos, como las hipotecas», destacan fuentes de Adicae, que añaden que «el usuario debe rechazarlas».

¿Acabarán cobrándonos hasta por tener el dinero en un depósito?

¿En esta lucha sin cuartel por arañar ingresos tendremos que acostumbrarnos también los clientes a que el banco nos cobre, en un futuro próximo, por depositar nuestro dinero? La respuesta, hoy, es que no. No, al menos, para los clientes minoristas. «Sería meterse en un terreno complicado, y mucho más en un escenario de competencia feroz como el que tenemos, donde si tú cobras y el vecino no, pierdes al cliente», señalan fuentes del sector.

Es decir, que las entidades financieras españolas no van a aventurarse por esa vía para compensar el lastre de los tipos cero. Antes, concluyen, está la fórmula de elevar las comisiones y cobrar por servicios hasta ahora gratuitos. «Los bancos han decisido, de momento, asumir ese coste de los tipos contra su cuenta de resultados, liberando a sus clientes de pagarlo. ¿Cuánto tiempo? No sabemos cuánto tiempo va a mantener esta política monetaria el BCE, si comienza a retirarla y a normalizar los tipos, tal y como reclaman ya organismos internacionales», resumen desde la Asociación Española de Banca.

Deshojando la margarita

Pero aunque parece haber consenso sobre que los pequeños ahorradores son intocables, no lo hay tanto en el caso de los inversores institucionales y las grandes empresas.

En este ámbito las firmas españolas sí parecen estar más dispuestas a seguir el camino abierto por entidades europeas, como el Royal Bank of Scotland (RBS) o algunos pequeños alemanes, que penalizan en algunos casos los depósitos de los grandes inversores.

Otras grandes entidades ya lo está haciendo. En el BBVA, por ejemplo, internamente ya se sabe de alguna gran operación cobrando. «Nosotros, de momento, no lo hemos decidido. Pero todo apunta a que sí puede pasar. Si los grandes comienzan, es cuestión de tiempo que todos vayamos detrás», confirman desde una entidad mediana, apuntando, además, que los institucionales sondeados «se lo han tomado bien, lo tienen asumido», del mismo modo que en su día se acostumbraron a las rentabilidades negativas del refugio del dinero por excelencia: el todopoderoso bono alemán.

«Tenemos margen todavía y otras opciones», coinciden todas las fuentes financieras, sobre todo porque, explican, eso supondría un impacto grande en la clientela tradicional.

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Aprender de los errores


Por qué sufre la banca



Por Juan Gómez Bada
El Confidencial, 21/08/2016.
   

A veces conviene repasar los dichos populares para darnos cuenta de que en la última década han cambiado algunas creencias de los inversores que parecían atemporales. La ausencia de inflación y el exceso de oferta echaron por tierra el dicho la vivienda nunca baja. Últimamente pocos siguen afirmando que la banca siempre gana a pesar de que la diferencia de información sigue haciendo que las entidades se aprovechen de una posición privilegiada frente a sus clientes y tengan las probabilidades de su lado.

La economía española se ha recuperado pero la cotización bursátil de la banca está en niveles similares a 2012. Aquel año las entidades españolas apenas podían acceder a financiación exterior, el desempleo superaba el 25% y continuaba subiendo, el precio de la vivienda seguía en caída libre y el PIB se contrajo un -2,6%. ¿Por qué al mejorar la economía no levantan cabeza las entidades que la financian?

El motivo es que el sector financiero se enfrenta a una reconversión similar a la que han sufrido otros sectores en el pasado. No ocurre solo en España, sino en la mayoría de los países desarrollados. Para la banca se ha generado una tormenta perfecta porque han coincidido en el tiempo cuatro grandes cambios:
  1. Un incremento de la competencia. La mejora de las tecnologías de la información ha hecho surgir nuevos competidores que afectan a las principales líneas de negocio de los bancos. Sean las denominadas fintech u otras con aspecto más convencional, lo cierto es que están revolucionando los medios de pago, la concesión de crédito, la oferta de pasivo, la gestión de activos, la comercialización de seguros, etcétera.
  2.  Mayores exigencias de solvencia. Para evitar que los bancos tengan que volver a ser rescatados por el contribuyente los reguladores han multiplicado los ratios de capital exigidos y han facilitado la absorción de pérdidas de gran parte de su deuda. La consecuencia es una caída abrupta de la rentabilidad del negocio bancario tradicional.
  3.  Tipos cero. La mayor parte del beneficio de los bancos depende de la diferencia del tipo de los créditos y de los depósitos, por lo que el nivel absoluto de los tipos no debería afectarles desde un punto de vista teórico. Sin embargo la banca minorista conseguía gran parte del margen gracias al elevado volumen de financiación (saldos en cuentas y similares) que obtenía a tipo cero. Ahora ese pasivo, lejos de ser rentable se ha convertido en muchos casos en un coste difícilmente repercutible a los clientes. El incremento de la competencia y la aparición de nuevos modelos de negocios más eficientes dificultan aun más la posibilidad de trasladar el coste a los clientes.
  4.  Presión político social. Los bancos están en el punto de mira de los ciudadanos. Por un lado, los responsabilizan de la crisis, del coste de su rescate y de los males de aquellos que se han endeudado más de lo debido. Por otro, las prácticas comerciales abusivas con sus clientes han tenido mayor publicidad en los medios y han conseguido sensibilizar a los políticos y jueces. En consecuencia, las pérdidas causadas por demandas han dejado de ser aisladas y de importes reducidos para convertirse en casos colectivos con amplia cobertura mediática y con costes millonarios para el sector. Incluso los bufetes de abogados realizan grandes campañas de publicidad para conseguir demandantes porque consideran los casos con una elevada probabilidad de ser ganados con costas incluidas.
Por último, destaco que en los períodos de profundo cambio en un sector, cuando hay que rediseñar el modelo de negocio o la estrategia de la compañía, es más importante que nunca que haya un elevado compromiso de los directivos con los accionistas. Los dirigentes deben tener visión de negocio a largo plazo, tendrán que adaptar las sociedades ágilmente al nuevo entorno competitivo y sus intereses personales no pueden suponer un obstáculo.

Sin embargo, el sector bancario es uno de los que mantienen un menor compromiso con sus accionistas porque los directivos han conseguido controlar mayor porcentaje del capital sin arriesgar su patrimonio. Los bancos son las compañías cotizadas que mejor pueden pedir el voto favorable en junta de sus miles o millones de accionistas para respaldar a la dirección porque gran parte de ellos son sus clientes. A las oficinas del accionista se les dota con generosos presupuestos para “convencer” a los atomizados dueños de la entidad de que deleguen el voto en algún consejero. Ese coste no beneficia al bolsillo de los accionistas, pero la falta de control sobre la dirección que consiguen es lo que les hace el agujero.

De los 7 bancos del Ibex 35 el único que cuenta con un compromiso suficiente de sus máximos dirigentes con los accionistas como para formar parte de la cartera de Avantage Fund es Bankinter. Casualmente el precio de sus acciones se ha multiplicado por 3 desde 2012 y sus beneficios actuales son mayores que nunca. El resto de bancos del selectivo español tienen unos resultados muy inferiores a los que tenían antes de la crisis y la cotización de sus acciones está cerca de los mínimos de este siglo.

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