domingo, 25 de febrero de 2018
Especulación y crisis bancaria
Por Carlos Javier Bugallo Salomón
Plataforma por la Banca Pública
Según algunos autores, la mayoría de los episodios de insolvencia bancaria son causados por una combinación de mala suerte, malas políticas públicas –tanto microeconómicas (regulación del sistema bancario) como macroeconómicas-, y mala práctica bancaria.[1] Otros autores, como el historiador Charles Kindleberger, sostienen que en el inicio de las crisis bancarias encontramos siempre una burbuja especulativa que ha sido financiada mediante el crédito.[2] De todas estas causas sólo analizaremos, en este documento, las burbujas especulativas, tema este poco conocido por el público en general e, incluso, por algunos economistas.
Según algunos autores, la mayoría de los episodios de insolvencia bancaria son causados por una combinación de mala suerte, malas políticas públicas –tanto microeconómicas (regulación del sistema bancario) como macroeconómicas-, y mala práctica bancaria.[1] Otros autores, como el historiador Charles Kindleberger, sostienen que en el inicio de las crisis bancarias encontramos siempre una burbuja especulativa que ha sido financiada mediante el crédito.[2] De todas estas causas sólo analizaremos, en este documento, las burbujas especulativas, tema este poco conocido por el público en general e, incluso, por algunos economistas.
Así pues vamos exponer qué es la especulación y cuál es su papel en la economía moderna. Lo haremos enumerando una serie de tesis individualizadas.
- La especulación se define como aquella actividad económica de compra y venta de activos realizada por un operador, y que busca beneficiarse de la diferencia de precios esperados y precios corrientes, en dos momentos distintos.[3]
- Un especulador toma una posición larga cuando piensa que el valor de una activo cualquiera dado (mercancía, título financiero, oro, obra de arte, joyas, apartamentos…) va a aumentar, y compra una cierta cantidad a cambio de dinero al contado, esperando poder revenderlo ulteriormente a un precio superior. Y a la inversa, el mismo especulador toma una posición corta cuando vende un bien económico del que dispone y del que prevé una bajada de valor, para volver a cómpralo más tarde a un precio más barato.[4]
- Los defensores de la especulación sostienen que los especuladores siguen una motivación racional, y que en consecuencia orientan su actividad guiados por la mejor información disponible para predecir el precio futuro de los activos con los que especulan. Por contra, los críticos de la especulación afirman que hay pruebas que demuestran, que muchos especuladores se limitan a reaccionar ante los cambios en los precios de los activos; vale decir, que compran cuando estos están al alza (manías) y venden, cuando están a la baja (pánicos). A esta conducta se la conoce como ‘seguimiento de tendencias’.[5]
- La manía especulativa es la causa de que se generen burbujas o subidas irracionales e injustificadas en el precio de las cosas (acciones, viviendas u otros activos) hasta que superan, con mucho, su valor real. Al estallido de la burbuja le sigue el sentimiento de pánico que se apodera de los especuladores; todo el mundo se apresura a vender y los precios se desploman (crac), arruinando a los últimos en sumarse a la burbuja. Burbujas ha habido de todo tipo; y la mayor parte de ellas se produce en los mercados inmobiliario y bursátil.[6]
- La especulación puede realizar, tal como sostiene la economía liberal, una función estabilizadora: equilibra las cotizaciones, al comprar cuando los precios bajan y vender cuando estos tienden a aumentar, orienta el ahorro hacia un empleo más adecuado, y selecciona las mejores inversiones. Pero es también innegable, como hemos dicho antes, que puede desempeñar una función desestabilizadora, al generar nefastas oscilaciones de los precios que no pueden ser explicadas a partir de la situación real del sistema productivo. En este caso, en vez de explotar las variaciones autónomas ligadas al proceso de ajuste de los precios, la especulación provoca y agudiza artificialmente estas variaciones en una dirección predeterminada, explotando posiciones oligopólicas al generar grandes flujos de crédito en el mercado. Precisamente por ello, durante las últimas décadas los más grandes bancos, las multinacionales y las sociedades financieras más importantes, han comenzado a asumir un rol de primera importancia en la escena de la especulación internacional, al disponer de un nivel de información de las condiciones del mercado que no está al alcance de los operadores comunes.[7]
- Se habla de agiotaje cuando la especulación se ejercita sobre la base de variaciones de los precios que han sido promovidas por los mismos especuladores mediante acaparamientos, difusión de noticias falsas o el uso de información privilegiada. En este caso, la especulación se considera un ‘negocio sucio’ y, por tanto, éticamente reprobable.[8]
- La especulación no sólo está asociada frecuentemente a comportamientos moralmente reprobables, sino también ilícitos que comportan una desnaturalización o violación de una confianza implícita o explícita. En un auge, se ganan fortunas, los individuos se vuelven codiciosos y los estafadores hacen su aparición para explotar esa codicia. De esa manera, la proclividad a estafar y a ser estafado discurre paralela a la proclividad a especular durante el auge. El crac y el pánico, con su consigna de ‘sálvese quien pueda’, inducen aún más al engaño con el fin de conseguir la propia salvación. Y la señal del pánico es, con frecuencia, la revelación de una estafa, robo, malversación o fraude.[9]
- Se ha comparado a la especulación con las apuestas que se realizan en un ‘casino’. La analogía es sugerente pero incorrecta. En primer lugar, porque mientras que el juego consiste en colocar dinero sobre riesgos creados artificialmente de un hecho fortuito, la especulación consiste en asumir los inevitables riesgos económicos de los cambios de valor. En segundo lugar, porque en un juego las pérdidas se imputan solamente a los jugadores que participan en el mismo, mientras que la especulación, cuando da lugar al estallido de una ‘burbuja financiera’ de grandes dimensiones, puede llegar a afectar negativamente a casi toda la población de uno o varios países.[10]
- Históricamente, la especulación nace precisamente con la formación de mercados en los cuales se abandona el trueque (intercambio de mercancías por otras mercancías) en favor del uso del dinero como intermediario de esos intercambios. Pero solamente a finales del medioevo, con el surgimiento de las primeras bolsas comerciales creadas por los mercaderes italianos, comenzó a desarrollarse la especulación de forma sistemática.[11]
- La actividad especulativa progresivamente se ha convertido en un fenómeno masivo, que moviliza ingentes cantidades de capitales de un número también muy amplio de personas. Dos circunstancias han contribuido a ello: a) la posibilidad de realizar operaciones a plazo o diferida (operaciones forward), es decir de concertar ahora una compra o una venta que se realizarán en un plazo estipulado (días, meses, etc.) sin necesidad de disponer en el momento del contrato del dinero requerido; y b) la financiación bancaria: el crédito abre la posibilidad de la intervención especulativa incluso a quienes no poseen capitales propios y amplía el radio de esta más allá de lo permitido por los recursos del especulador.[12]
- En la actualidad, la especulación es un fenómeno global, es decir tiene por objetivo recursos económicos de todo el orbe planetario. Ha sido en las décadas de los 80 y 90 del siglo XX, cuando se ha producido una intensa ‘revolución de las finanzas’ que ha permitido la interconexión de los mercados de todo el mundo (globalización) y también un aumento de la posibilidad de actividades especulativas. Dos tipos de innovaciones han dado lugar a esta revolución financiera: 1) innovaciones tecnológicas, basadas en la informática y las telecomunicaciones; 2) innovaciones financieras, en particular los productos ‘derivados’ (futuros, opciones y swaps), instrumentos que permiten en un primer momento la transferencia de los riesgos de mercado, pero que ulteriormente pueden utilizarse para especular. La mayor parte de estas operaciones con derivados se realizan en mercados desregulados, es decir directamente entre operadores y al margen de las normas, cotizaciones y organización de los mercados organizados reconocidos oficialmente (se conocen como mercados OTC –over the counter-, es decir ‘en el mostrador’, que se caracterizan por no tener localización física y operar a través de telecomunicación).[13]
- Los hedge funds, conocidos en España como fondos de inversión libre o fondos de cobertura, son el mejor exponente de actividad económica centrada en la especulación. Estos fondos de inversión colectiva nacieron a mediados del siglo XX en Estados Unidos, pero desde hace un cuarto de siglo han aumentado de forma espectacular en número y tamaño, de modo que a finales de 2007 se contaban por miles y superaban un patrimonio global de 1,81 billones de dólares, una cantidad equivalente al 13% del PIB de Estados Unidos. Su estrategia de negocio se orienta básicamente hacia la especulación en activos cuyos precios no consideran sostenibles en el tiempo, y para ello recurren no sólo a las compras y ventas convencionales de activos, sino también a las compras y ventas al descubierto (o sea, tomando prestado un activo), al uso de derivados y al apalancamiento (el endeudarse para financiar una inversión); en suma, a toda la panoplia de herramientas disponibles en la actualidad para especular a gran escala. Hay que destacar además, que muchísimos de estos fondos van a la quiebra cada año; cuando lo hizo un fondo de gran tamaño, el Long Term Capital Management en 1998, ello obligó al Banco Central de Estados Unidos a intervenir, poniendo en evidencia el riesgo que suponen para la estabilidad del sistema financiero.[14]
- Aunque el capital especulativo y el industrial realizan sus beneficios de fuentes distintas, nada impide que puedan actuar juntos en el seno de una misma empresa. En el caso de las multinacionales, sus departamentos de tesorería hace tiempo que han aprendido a especular con sus reservas de divisas. Por citar el caso de Japón, en el año 1988 casi el 38% de los beneficios de Toyota procedían de la especulación financiera; Matsushita Electric obtuvo el 59% de su beneficio final de dicha especulación; Nissan el 65% y Sony, el 63%. Y lo mismo puede decirse de las multinacionales americanas.[15]
- La especulación es una de las formas más importantes de concentración y acumulación de riqueza. Lo fue en el pasado, contribuyendo a proporcionar los capitales necesarios para la Revolución industrial y el advenimiento del capitalismo, y lo sigue siendo en la actualidad, pues todavía es una forma alternativa y competitiva respecto a la inversión productiva.[16]
- La actividad especulativa es en la actualidad un tipo de operativa económica enteramente legal y protegida por la ley. Principalmente en la bolsa y en el mercado de divisas, uno puede especular con mercancías (especialmente productos agrícolas y materias primas), títulos de crédito, privados o públicos (acciones y bonos), así como divisas. Las negociaciones se producen generalmente a través de la mediación de los brokers, agentes especializados en este tipo de operaciones (mediadores, agentes de cambio, operadores financieros) que facilitan el encuentro entre oferentes y demandantes, garantizando el anonimato de quienes negocian.[17]
- No siempre se ha visto con buenos ojos a la especulación; por ejemplo, en la Edad Media. Teóricamente se justificaba esta prohibición en base a las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, quien consideraba injusto e ilegal ‘vender más caro o comprar más barato de lo que vale una cosa; y también en la doctrina de San Agustín, quien consideraba el apetito ilimitado de lucro como uno de los tres pecados principales.[18]
- El historiador Edward Chancellor ha tenido la sagacidad de definir la especulación como ‘el Carnaval del Capitalismo’, porque tanto el carnaval como la manía especulativa producen un ‘mundo trastocado’. Así como el carnaval ofrece un momento de liberación frente a las rigideces y exigencias religiosas, así también la manía especulativa invierte ciertas consignas del capitalismo, como la devoción a la profesión, la honestidad, el ahorro y la perseverancia.[19]
De la
especulación dijo el economista John Maynard Keynes:
“Los
especuladores pueden no hacer daño cuando son burbujas en una corriente
firme de espíritu de empresa; pero la situación es seria cuando la empresa se
convierte en burbuja dentro de una vorágine de especulación. Cuando el
desarrollo del capital en un país se convierte en subproducto de las
actividades propias de un casino, es probable que aquél se realice mal.”[20]
[1] Gerard Caprio Jr. y Daniela Klingebiel: “Bank
insolvency: bad luck, bad policy, or bad banking?”, mimeo, p. 2. Disponible en
< http://reference.kfupm.edu.sa/content/b/a/bank_insolvency__bad
_luck__bad_policy_or_104582.pdf>
_luck__bad_policy_or_104582.pdf>
[2] Charles p.
Kindleberger: Manías, pánicos y cracs. Historia de las crisis
financieras, Barcelona, ed. Ariel, 1991, p. 144.
[3] Roberto
Panizza: La especulación, Barcelona, ed. Oikos-Tau, 1990, p. 17.
[4]
Jean Peyrelevade: L’économie de
spéculation,
Paris, Éditions du Seuil, 1978, p. 104.
[5] Edward Chancellor: Sálvese
quien pueda. Una historia de la especulación financiera, Barcelona, ed.
Granica, 2000, p. 390.
[6] Nuño Rodrigo: La
Bolsa, Madrid, ed. Maeva, 2004, p. 176.
[7] Roberto Panizza: op.
cit., pp. 34-8.
[8] Doménec Melé Carné: “Aspectos
éticos de los mercados de valores”, en José L. Sánchez de Valderrama (dir.):
Curso de Bolsa y mercados financieros, Barcelona, ed. Ariel, 2001,
p. 497; y Claudio Napoleoni: “Especulación”, en Claudio Napoleoni: Diccionario
de economía política, Madrid, ed. Castilla, 1962, p. 686.
[9] Charles p.
Kindleberger: Manías: op. cit., pp. 109-112.
[10] Edward Chancellor: op.
cit., pp. 74, 229 y 384.
[11] Roberto Panizza: op.
cit., pp.10 y 21.
[12] Roberto Panizza: op.
cit., pp. 18 y s.
[13] Susan Strange: Dinero
loco. El descontrol del sistema financiero global, Barcelona, ed. Paidós,
1999, pp. 12, 35-47.
[14] Marta Noguer: "El enigmático mundo de los hedge funds: beneficios y riesgos", en Documentos de economía 'La Caixa', nº 09 (Febrero, 2008), pássim. Disponible en <http://www.pdf.lacaixa
.comincacions .com/de/esp/de09_esp.pdf>
.comincacions .com/de/esp/de09_esp.pdf>
[15] Gregory J. Millman: Especuladores
internacionales: los nuevos vándalos, Bilbao, ed. Deusto, 1995, pp. 198 y
213.
[16] Roberto Panizza: op.
cit., pp. 10 y 14.
[17] Roberto Panizza: op.
cit., pp. 17 y s.
[18] Edward Chancellor: op.
cit., pp. 22 y s.
[19] Edward Chancellor: op.
cit., pp. 46 y s.
[20] Robert Skidelsky: El
regreso de Keynes, Barcelona, ed. Crítica, 2009, p. 117.
sábado, 24 de febrero de 2018
Banca e independentismo: el ejemplo de Canadá
Por Andy Robinson
CTXT.es, 21/02/2018.
Una de las cosas que me llamaron la atención durante una
visita a Montreal el mes pasado fue el papel de las instituciones financieras
en los años de tensión ideológica y territorial. Puesto que el encargo era
explicar lo ocurrido en Quebec en clave catalana, creo que el asunto tiene
mucha relevancia. Y la diferencia radical entre el comportamiento de las cajas
y otras instituciones de ahorro quebequenses y los bancos canadienses con sede
entonces en Montreal puede demostrar hasta qué punto echaremos de menos
aquellas cajas borradas de la faz de la tierra por el gobierno del PP bajo
instrucciones del Banco Central Europeo durante la euro crisis
Tal y como se explica en el artículo que publicó La
Vanguardia, al comprobar el ascenso meteórico del independentista Partido
Quebequense en los años setenta, los bancos más emblemáticos de Canadá se
esfumaron tras dar aquel primer golpe de efecto claramente politizado, el
llamado “coup de Brink’s” de abril de 1970, cuando nueve furgonetas blindadas
de la empresa de seguridad Brink’s, llenas de billetes de 1.000 dólares
canadienses, salieron de la sede histórica del banco Royal Trust y no pararon
hasta llegar a Toronto. En los siguientes diez años se destruirían 50.000
empleos en el sector bancario.
Pero no se marcharon las mutuas, entidades sin ánimo de
lucro que en Estados Unidos se calificarían de credit unions y que, salvando
las distancias, en España se llamarían cajas. La red de cajas de ahorros
quebequenses, Desjardins, por ejemplo –una sociedad mutua que no responde
únicamente a criterios de mercado- desempeñó un papel crítico para la creación
de un nuevo tejido empresarial local y francófono, una nueva clase de
emprendedores francoparlantes que creó empresas como Cirque du Soleil o la
empresa de juegos Ubisoft, inventora del juego Assassin’s creed. Una buena
imagen del cambio es el coworking Crew en la vieja sede del Royal Bank of
Canada, un edificio imperial de estilo deco en el Viejo Montreal, donde cientos
de jóvenes emprendedores diseñan sus starts up en el espacio del viejo banco
que abandonó Montreal.
Quebec logró implementar una política industrial que
protegía a su economía del peligro de la deslocalización empresarial y bancaria –bien sea por motivos políticos
bien por razones de beneficios empresariales– y esas instituciones financieras
semi públicas fueron imprescindibles. El más importante era el gigantesco fondo
de pensiones semipúblico Caisse de Depots et Placement que gestiona activos por
más de 230.000 millones de euros. “La Caisse sirve para proteger a nuestras
empresas medianas de adquisiciones hostiles”, me explicó Alain Gagnon, catedrático
de ciencias políticas en la Universidad de Quebec. El fondo ha invertido en
empresas quebequenses como la cadena de supermercados Provigo y la papelera
Domtar, lo cual ha prevenido cualquier deslocalización provocada por factores
económicos o políticos.
Asimismo, la red de cajas de ahorros, Desjardins, apoya a
empresas locales. “Es inimaginable que las cajas Desjardins hubiesen salido y
montado sus sedes fuera como ocurrió en Catalunya”, dijo Gangon. Uno de los
motivos por los que think tanksultraconservadores como el Fraser Institute en
Vancouver –citado por ideólogos del PP para defender sus posiciones de negación
del derecho a decidir en Catalunya– han arremetido con tanta dureza contra las
políticas quebequenses, es el éxito de estos programas de política industrial
dirigida por los bancos semipúblicos y la Caisse de Dépôt. Han resultado muy
eficaces para permitir una espectacular reconversión de la economía quebequense
tras la salida de los grandes bancos y otras gigantes de la economía “anglo”. Y
eso preocupa a los neoliberales “anglo” en Canadá, que prefieren el modelo del
salvaje oeste de Alberta, con su mercado libre, la financiación especulativa
mediante la Bolsa de Toronto y las grandes minas de arenas bituminosas que
destruyen el medioambiente.
Dado todo esto, quizás conviene hacer un un ejercicio
intelectual, de los que escasean en el demagógico debate sobre la crisis de
régimen española. Pongamos que, en vez de en octubre de 2017, hubiese ocurrido
hace dos décadas el enfrentamiento entre Madrid y Catalunya por el derecho a
celebrar un referéndum sobre la soberanía catalana. (En Canadá se celebraron
dos referendos sobre la soberanía de Quebec y, en caso de que los quebequenses
quisieran, podrían celebrarse cien más). Pongamos que la gran crisis hubiese
ocurrido en 1987 o 1997 o incluso en 2007. Entonces, la Caixa de Catalunya, con
su logotipo tan nacionalista y mironiano, aún era una institución que no
respondía únicamente a criterios de mercado en sus decisiones de invertir y
prestar dinero.
La Caixa, cuando yo llegué a Catalunya en los años ochenta,
se parecía más a un hibrido entre la Caisse de Dépôt et Placement y la caja
Desjardins. Contaba con una enorme cartera de inversiones y la capacidad para
frenar OPAs hostiles en empresas consideradas importantes para el proyecto de
crear una economía ajustada a las necesidades del desarrollo local (nacional si
se quiere), y también de una red de pequeñas oficinas cuyo objetivo era
proporcionar créditos a las pymes catalanas.
Pongamos, pues, que se hubiese celebrado en aquellos años el
referéndum extra-constitucional sobre la independencia, y que se hubiese
producido la extraordinaria actuación de la Policía en Catalunya que, como me
comentó Mario Polese, un economista del Centro de Urbanización Cultura y
sociedad en Montreal, “jamás hubiera podido ocurrir en Quebec ni después del
asesinato del político canadiense [a manos del Frente de Liberación
quebequense]”.
Yo plantearía que, aun siendo una caja, tal vez la Caixa
habría actuado como la Caisse de Dépôt et Placement y la caja Desjardins, que
permanecieron en Quebec incluso en los momentos más oscuros. A fin de cuentas,
como sus homólogos financieros quebequenses, existía entonces precisamente para
proteger la economía local (o nacional, si se prefiere) y fomentar su
desarrollo. Si este fuera el caso, conviene preguntar por qué la Caixa se
convirtió en un banco convencional, regido únicamente por el ánimo de lucro, al
igual que aquellos grandes bancos canadienses anglosajones que sacaron el dinero
de muchos clientes quebequenses en furgonetas blindadas ante el auge del
separatismo.
¿Porque La Caixa
acabó siendo Caixabank? La respuesta, claro, es la crisis del euro. Pese a que
esta crisis hubiera sido provocada por los bancos de EEUU que, siguiendo las
consignas de su mandato de optimizar beneficios y globalizarse como fuera,
habían especulado hasta límites desconocidos en la historia financiera, la respuesta de Europa al
contagio en la zona euro no fue desmantelar los grandes bancos y hacerles actuar
en nombre del bien público. No, la respuesta fue convertir las cajas en bancos
anglosajones...
Cuando España miraba al abismo de la insolvencia, las
recetas que llegaron desde el Banco Central Europeo en Fráncfort decían: “Las
cajas son instrumentos politizados, hay que cerrarlas o convertirlas en
bancos”. Por supuesto, esta estricta condicionalidad alemana aplicada al
programa de rescate vino de perlas a quienes en Madrid siempre prefirieron el
modelo Banco Santander al modelo Caixa.
Avanzando aún más en el experimento, quizás esa es la razón
por la que los gobiernos europeos han cerrado filas en torno al gobierno en
Madrid con tanto entusiasmo, una posición políticamente complicada ya que, como
sabe cualquiera que lea la prensa europea, la opinión pública fuera de España
está claramente contra la intransigencia de Madrid.
La defensa acérrima de los líderes europeos al Estado
español en su defensa de una constitución hecha de piedra (a diferencia de la
canadiense) y contra el referéndum catalán no se debe a que, como dice el genio
de la evasión fiscal Jean Claude Juncker, el nacionalismo siempre acaba en
guerras. No. Según el experimento intelectual hecho en Montreal quedaría claro
que el miedo europeo al nacionalismo responde al hecho de que la UE ya
representa un proyecto de globalización neoliberal financiarizada en el cual la
protección del espacio local (nacional, si se quiere) no es permisible.
Todo local confirma lo que muchos han dicho con acierto en
la izquierda catalana y española, sean partidarios de la independencia catalana
o no. La banca pública ya es una reivindicación clave para defendernos contra
el autoritarismo centralizador compinchado con el globalismo neoliberal. Quebec
Solidaire, el partido de la izquierda independentista que empieza a quitar
votos al Partido Quebequois lo sabe muy bien. “Estamos hablando mucho de la
importancia de la banca pública y de la
protección de servicios públicos como la sanidad, la educación y la vivienda”,
dijo Andre Frappier, cartero de correos jubilado y sindicalista que milita en
Quebec Solidaire. “Y seguimos convencidos de que para lograrlo hace falta un
Quebec independiente”.
Disponible en:
viernes, 23 de febrero de 2018
El constante desfile por los juzgados, el triste epílogo de las antiguas cajas catalanas
Por Marc Font
Público.es, 20/02/2018.
El mapa financiero catalán ha cambiado radicalmente en la
última década. El último movimiento ha sido el reciente traslado de las sedes
de Caixabank y Banco Sabadell, las dos grandes entidades catalanas, a Valencia
y Alicante, respectivamente. Antes, sin embargo, el antiguo mapa de cajas de
ahorro ya había desaparecido casi completamente, hasta el punto de que hoy sólo
conservan su sede en Catalunya dos entidades pequeñas como son Caja de
Ingenieros y Caixa Guissona.
Con la excepción de la todopoderosa Caixabank, el grueso de
las cajas catalanas pasó a la historia mediante procesos de fusiones y adquisiciones
después de que la crisis económica pusiera de manifiesto la pésima gestión que,
en numerosos casos, habían arrastrado. En muy poco tiempo pasaron de ser el
gran poder económico local a convertirse sólo un recuerdo del pasado, en buena
parte salpicado por una desaforada apuesta por el ladrillo en los años de la
burbuja.
Fruto de esta gestión, los últimos años han salido a la luz
varios escándalos que han llevado a los tribunales a los responsables de
algunas de las antiguas cajas.
A partir de este 20 de febrero, empiezan a declarar los 15
exdirectivos de la antigua CatalunyaCaixa citados como imputados en la
Audiencia Nacional por un presunto delito de administración desleal que generó
un agujero de 720 millones de euros a la entidad. No es el único escándalo de
CatalunyaCaixa, ya que una parte de su cúpula, que presidía el ex ministro
socialista Narcís Serra, también tiene pendiente el juicio oral por los
sobresueldos que se otorgaron. Directivos de las antiguas Caixa Penedès y Laietana
también han pisado los juzgados por escándalos varios. Ninguna de estas
entidades existe hoy en día.
Hace una década había una decena de cajas de ahorro de
cierta dimensión en Catalunya, de las que sólo resiste Caixabank, aunque
transformada en un banco. La entidad de la estrella absorbió Caixa Girona en
2010. Las antiguas cajas Catalunya, Tarragona y Manresa se fusionaron para
crear CatalunyaCaixa también en 2010. Dos años más tarde, la entidad fue
intervenida y rescatada con 12.000 millones de euros públicos y en 2014 pasó a
manos del BBVA. La misma entidad abonó un euro en 2012 para quedarse Unnim, que
había sido el resultado de la fusión de las cajas de Manlleu, Sabadell y
Terrassa. Caixa Penedès unirse a otras entidades del Estado para formar el Banco
Mare Nostrum, pero en mayo de 2013 salió para integrarse al Banco Sabadell.
Finalmente, la antigua Caja Laietana quedó disuelta en Bankia, otra entidad
rescatada con fondos públicos.
La ruinosa apuesta
por el ladrillo de CatalunyaCaixa
¿Qué pasó en CatalunyaCaixa? Según la investigación de la
Fiscalía Anticorrupción, entre los años 2000 y 2007 —cuando aún se llamaba
Caixa Catalunya— la entidad habría participado en una quincena de operaciones
inmobiliarias en las que se habrían producido "notables irregularidades".
Según la instrucción, la caja avaló "la mayoría"
de las operaciones analizadas "confiando en la palabra" de los socios
en la inversión, "sin informes previos externos independientes al
proyecto" y sin llevar a cabo "análisis exhaustivos de aspectos como
la solvencia y capacidad de los asociados ". Tampoco se habrían llevado a
cabo informes jurídicos sobre los contratos de las operaciones.
La Fiscalía añade que casi todas las operaciones analizadas
requerían superar trámites urbanísticos "ineludibles" y de
"resolución incierta" antes de poder construir las viviendas.
En algunos casos se adquirieron terrenos no urbanizables o,
incluso, declarados de especial interés. El mismo Narcís Serra, presidente de
la entidad entre 2005 y 2010, resumió la apuesta por el inmobiliario con una
frase reveladora: "Hay cajas que tenían una inmobiliaria, pero nosotros
éramos una inmobiliaria que tenía una caja".
Los proyectos especulativos iban mucho más allá de su área
de influencia y había, por ejemplo, en Murcia o Polonia. Aparte de Serra, que
ha sido alcalde de Barcelona, ministro de Defensa y vicepresidente del
Gobierno, los principales imputados son Josep Maria Loza y Adolf Todó. Loza era
el director general de la entidad cuando Sierra llegó a la presidencia,
mientras que Todó sucedió Loza en 2008 y se mantuvo en el cargo hasta el 2013.
Paralelamente, Serra, Todó y 39 personas más que formaban
parte del consejo de administración de la entidad en el año 2010 están a la
espera de juicio oral, también imputados por administración desleal, por el
caso de los sobresueldos a la entidad . Según la Fiscalía, los exdirectivos
aprobaron otorgarse a sí mismos "retribuciones e indemnizaciones
desproporcionadas" y "ajenas a la situación real de solvencia"
de la entidad ".
Prejubilaciones
astronómicas en Caixa Penedès
En mayo de 2014 cuatro exdirectivos de la antigua Caixa
Penedès evitaron el ingreso en prisión tras alcanzar un acuerdo con la
Audiencia Nacional para devolver los 28,6 millones de euros que se habían adjudicado
irregularmente en pensiones y prejubilaciones en 2010, justo antes de que la
entidad se integrara en el Banco Mare Nostrum. El acuerdo provocó una rebaja de
las penas y, por tanto, permitió esquivar la cárcel a Ricard Pagès, ex director
general de Caixa Penedès, y en tres de sus colaboradores, Manuel Troyano,
Santiago Abella y Joan Caellas.
Curiosamente, días antes de admitir el delito los cuatro
condenados habían defendido su inocencia en la Audiencia Nacional.
Paralelamente, hace un par de años 760 trabajadores presentaron una denuncia
colectiva para reclamar que su plan de pensiones y previsión social se había
reducido fraudulentamente en 8,7 millones de euros. Según acreditó la sentencia
de la Audiencia Nacional, los exdirectivos condenados fueron los que se
apropiaron de los fondos en beneficio propio.
El fraude de las
preferentes de Caixa Laietana
Caixa Laietana fue una de las entidades que contribuyó a
inflar el enorme agujero de Bankia, posteriormente rescatada con carretadas de
dinero público. La entidad de Mataró fue una de las grandes protagonistas de la
enorme fraude de las participaciones preferentes.
Según diversos cálculos, la entidad habría vendido este
producto financiero a unos 15.000 clientes, una cifra elevadísima teniendo en
cuenta la población de Mataró (125.000 habitantes), donde se concentraba buena
parte de su negocio.
Con los años, numerosas sentencias han condenado la entidad
—ahora ya como Bankia— a devolver el dinero a los clientes, que no fueron
informados debidamente sobre los riesgos de este producto. Además, el ex
director general de la entidad Pere Antoni de Doria y ex presidente Josep
Ibern, además de otros cinco directivos, fueron imputados por un presunto
delito de estafa por la colocación de participaciones preferentes a una familia
de Vallgorguina. El juicio se celebró hace un tiempo, pero de momento aún no tiene
sentencia firme.
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