domingo, 25 de febrero de 2018

Recordando a Forges


Especulación y crisis bancaria

Por Carlos Javier Bugallo Salomón
Plataforma por la Banca Pública

Según algunos autores, la mayoría de los episodios de insolvencia bancaria son causados por una combinación de mala suerte, malas políticas públicas –tanto microeconómicas (regulación del sistema bancario) como macroeconómicas-, y mala práctica bancaria.[1] Otros autores, como el historiador Charles Kindleberger, sostienen que en el inicio de las crisis bancarias encontramos siempre una burbuja especulativa que ha sido financiada mediante el crédito.[2] De todas estas causas sólo analizaremos, en este documento, las burbujas especulativas, tema este poco conocido por el público en general e, incluso, por algunos economistas.

Así pues vamos exponer qué es la especulación y cuál es su papel en la economía moderna. Lo haremos enumerando una serie de tesis individualizadas.
  1. La especulación se define como aquella actividad económica de compra y venta de activos realizada por un operador, y que busca beneficiarse de la diferencia de precios esperados y precios corrientes, en dos momentos distintos.[3] 
  2. Un especulador toma una posición larga cuando piensa que el valor de una activo cualquiera dado (mercancía, título financiero, oro, obra de arte, joyas, apartamentos…) va a aumentar, y compra una cierta cantidad a cambio de dinero al contado, esperando poder revenderlo ulteriormente a un precio superior. Y a la inversa, el mismo especulador toma una posición corta cuando vende un bien económico del que dispone y del que prevé una bajada de valor, para volver a cómpralo más tarde a un precio más barato.[4] 
  3. Los defensores de la especulación sostienen que los especuladores siguen una motivación racional, y que en consecuencia orientan su actividad guiados por  la mejor información disponible para predecir el precio futuro de los activos con los que especulan. Por contra, los críticos de la especulación afirman que hay pruebas que demuestran, que muchos especuladores se limitan a reaccionar ante los cambios en los precios de los activos; vale decir, que compran cuando estos están al alza (manías) y venden, cuando están a la baja (pánicos). A esta conducta se la conoce como ‘seguimiento de tendencias’.[5] 
  4. La manía especulativa es la causa de que se generen burbujas o subidas irracionales e injustificadas en el precio de las cosas (acciones, viviendas u otros activos) hasta que superan, con mucho, su valor real. Al estallido de la burbuja le sigue el sentimiento de pánico que se apodera de los especuladores; todo el mundo se apresura a vender y los precios se desploman (crac), arruinando a los últimos en sumarse a la burbuja. Burbujas ha habido de todo tipo; y la mayor parte de ellas se produce en los mercados inmobiliario y bursátil.[6] 
  5. La especulación puede realizar, tal como sostiene la economía liberal, una función estabilizadora: equilibra las cotizaciones, al comprar cuando los precios bajan y vender cuando estos tienden a aumentar, orienta el ahorro hacia un empleo más adecuado, y selecciona las mejores inversiones. Pero es también innegable, como hemos dicho antes, que puede desempeñar una función desestabilizadora, al generar nefastas oscilaciones de los precios que no pueden ser explicadas a partir de la situación real del sistema productivo. En este caso, en vez de explotar las variaciones autónomas ligadas al proceso de ajuste de los precios, la especulación provoca y agudiza artificialmente estas variaciones en una dirección predeterminada, explotando posiciones oligopólicas al generar grandes flujos de crédito en el mercado. Precisamente por ello, durante las últimas décadas los más grandes bancos, las multinacionales y las sociedades financieras más importantes, han comenzado a asumir un rol de primera importancia en la escena de la especulación internacional, al disponer de un nivel de información de las condiciones del mercado que no está al alcance de los operadores comunes.[7] 
  6. Se habla de agiotaje cuando la especulación se ejercita sobre la base de variaciones de los precios que han sido promovidas por los mismos especuladores mediante acaparamientos, difusión de noticias falsas o el uso de información privilegiada. En este caso, la especulación se considera un ‘negocio sucio’ y, por tanto, éticamente reprobable.[8] 
  7. La especulación no sólo está asociada frecuentemente a comportamientos moralmente reprobables, sino también ilícitos que comportan una desnaturalización o violación de una confianza implícita o explícita. En un auge, se ganan fortunas, los individuos se vuelven codiciosos y los estafadores hacen su aparición para explotar esa codicia. De esa manera, la proclividad a estafar y a ser estafado discurre paralela a la proclividad a especular durante el auge. El crac y el pánico, con su consigna de ‘sálvese quien pueda’, inducen aún más al engaño con el fin de conseguir la propia salvación. Y la señal del pánico es, con frecuencia, la revelación de una estafa, robo, malversación o fraude.[9] 
  8. Se ha comparado a la especulación con las apuestas que se realizan en un ‘casino’. La analogía es sugerente pero incorrecta. En primer lugar, porque mientras que el juego consiste en colocar dinero sobre riesgos creados artificialmente de un hecho fortuito, la especulación consiste en asumir los inevitables riesgos económicos de los cambios de valor. En segundo lugar, porque en un juego las pérdidas se imputan solamente a los jugadores que participan en el mismo, mientras que la especulación, cuando da lugar al estallido de una ‘burbuja financiera’ de grandes dimensiones, puede llegar a afectar negativamente a casi toda la población de uno o varios países.[10] 
  9. Históricamente, la especulación nace precisamente con la formación de mercados en los cuales se abandona el trueque (intercambio de mercancías por otras mercancías) en favor del uso del dinero como intermediario de esos intercambios. Pero solamente a finales del medioevo, con el surgimiento de las primeras bolsas comerciales creadas por los mercaderes italianos, comenzó a desarrollarse la especulación de forma sistemática.[11] 
  10. La actividad especulativa progresivamente se ha convertido en un fenómeno masivo, que moviliza ingentes cantidades de capitales de un número también muy amplio de personas. Dos circunstancias han contribuido a ello: a) la posibilidad de realizar operaciones a plazo o diferida (operaciones forward), es decir de concertar ahora una compra o una venta que se realizarán en un plazo estipulado (días, meses, etc.) sin necesidad de disponer en el momento del contrato del dinero requerido; y b) la financiación bancaria: el crédito abre la posibilidad de la intervención especulativa incluso a quienes no poseen capitales propios y amplía el radio de esta más allá de lo permitido por los recursos del especulador.[12] 
  11. En la actualidad, la especulación es un fenómeno global, es decir tiene por objetivo recursos económicos de todo el orbe planetario. Ha sido en las décadas de los 80 y 90 del siglo XX, cuando se ha producido una intensa ‘revolución de las finanzas’ que ha permitido la interconexión de los mercados de todo el mundo (globalización) y también un aumento de la posibilidad de actividades especulativas. Dos tipos de innovaciones han dado lugar a esta revolución financiera: 1) innovaciones tecnológicas, basadas en la informática y las telecomunicaciones; 2) innovaciones financieras, en particular los productos ‘derivados’ (futuros, opciones y swaps), instrumentos que permiten en un primer momento la transferencia de los riesgos de mercado, pero que ulteriormente pueden utilizarse para especular. La mayor parte de estas operaciones con derivados se realizan en mercados desregulados, es decir directamente entre operadores y al margen de las normas, cotizaciones y organización de los mercados organizados reconocidos oficialmente (se conocen como mercados OTC –over the counter-, es decir ‘en el mostrador’, que se caracterizan por no tener localización física y operar a través de telecomunicación).[13] 
  12. Los hedge funds, conocidos en España como fondos de inversión libre o fondos de cobertura, son el mejor exponente de actividad económica centrada en la especulación. Estos fondos de inversión colectiva nacieron a mediados del siglo XX en Estados Unidos, pero desde hace un cuarto de siglo han aumentado de forma espectacular en número y tamaño, de modo que a finales de 2007 se contaban por miles y superaban un patrimonio global de 1,81 billones de dólares, una cantidad equivalente al 13% del PIB de Estados Unidos. Su estrategia de negocio se orienta básicamente hacia la especulación en activos cuyos precios no consideran sostenibles en el tiempo, y para ello recurren no sólo a las compras y ventas convencionales de activos, sino también a las compras y ventas al descubierto (o sea, tomando prestado un activo), al uso de derivados y al apalancamiento (el endeudarse para financiar una inversión); en suma, a toda la panoplia de herramientas disponibles en la actualidad para especular a gran escala. Hay que destacar además, que muchísimos de estos fondos van a la quiebra cada año; cuando lo hizo un fondo de gran tamaño, el Long Term Capital Management en 1998, ello obligó al Banco Central de Estados Unidos a intervenir, poniendo en evidencia el riesgo que suponen para la estabilidad del sistema financiero.[14] 
  13. Aunque el capital especulativo y el industrial realizan sus beneficios de fuentes distintas, nada impide que puedan actuar juntos en el seno de una misma empresa. En el caso de las multinacionales, sus departamentos de tesorería hace tiempo que han aprendido a especular con sus reservas de divisas. Por citar el caso de Japón, en el año 1988 casi el 38% de los beneficios de Toyota procedían de la especulación financiera; Matsushita Electric obtuvo el 59% de su beneficio final de dicha especulación; Nissan el 65% y Sony, el 63%. Y lo mismo puede decirse de las multinacionales americanas.[15] 
  14. La especulación es una de las formas más importantes de concentración y acumulación de riqueza. Lo fue en el pasado, contribuyendo a proporcionar los capitales necesarios para la Revolución industrial y el advenimiento del capitalismo, y lo sigue siendo en la actualidad, pues todavía es una forma alternativa y competitiva respecto a la inversión productiva.[16] 
  15. La actividad especulativa es en la actualidad un tipo de operativa económica enteramente legal y protegida por la ley. Principalmente en la bolsa y en el mercado de divisas, uno puede especular con mercancías (especialmente productos agrícolas y materias primas), títulos de crédito, privados o públicos (acciones y bonos), así como divisas. Las negociaciones se producen generalmente a través de la mediación de los brokers, agentes especializados en este tipo de operaciones (mediadores, agentes de cambio, operadores financieros) que facilitan el encuentro entre oferentes y demandantes, garantizando el anonimato de quienes negocian.[17] 
  16. No siempre se ha visto con buenos ojos a la especulación; por ejemplo, en la Edad Media. Teóricamente se justificaba esta prohibición en base a las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, quien consideraba injusto e ilegal ‘vender más caro o comprar más barato de lo que vale una cosa; y también en la doctrina de San Agustín, quien consideraba el apetito ilimitado de lucro como uno de los tres pecados principales.[18] 
  17. El historiador Edward Chancellor ha tenido la sagacidad de definir la especulación como ‘el Carnaval del Capitalismo’, porque tanto el carnaval como la manía especulativa producen un ‘mundo trastocado’. Así como el carnaval ofrece un momento de liberación frente a las rigideces y exigencias religiosas, así también la manía especulativa invierte ciertas consignas del capitalismo, como la devoción a la profesión, la honestidad, el ahorro y la perseverancia.[19]


De la especulación dijo el economista John Maynard Keynes:

“Los especuladores pueden no hacer daño cuando son burbujas en una corriente firme de espíritu de empresa; pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en burbuja dentro de una vorágine de especulación. Cuando el desarrollo del capital en un país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que aquél se realice mal.”[20]


[1] Gerard Caprio Jr. y Daniela Klingebiel: “Bank insolvency: bad luck, bad policy, or bad banking?”, mimeo, p. 2. Disponible en < http://reference.kfupm.edu.sa/content/b/a/bank_insolvency__bad
_luck__bad_policy_or_104582.pdf>            
[2] Charles p. Kindleberger: Manías, pánicos y cracs. Historia de las crisis financieras, Barcelona, ed. Ariel, 1991, p. 144.
[3] Roberto Panizza: La especulación, Barcelona, ed. Oikos-Tau, 1990, p. 17.                                      
[4] Jean Peyrelevade: L’économie de spéculation, Paris, Éditions du Seuil, 1978, p. 104.
[5] Edward Chancellor: Sálvese quien pueda. Una historia de la especulación financiera, Barcelona, ed. Granica, 2000, p. 390.
[6] Nuño Rodrigo: La Bolsa, Madrid, ed. Maeva, 2004, p. 176.
[7] Roberto Panizza: op. cit., pp. 34-8.
[8] Doménec Melé Carné: “Aspectos éticos de los mercados de valores”, en José L. Sánchez de Valderrama (dir.): Curso de Bolsa y mercados financieros, Barcelona, ed. Ariel, 2001, p. 497; y Claudio Napoleoni: “Especulación”, en Claudio Napoleoni: Diccionario de economía política, Madrid, ed. Castilla, 1962, p. 686.
[9] Charles p. Kindleberger: Manías: op. cit., pp. 109-112.
[10] Edward Chancellor: op. cit., pp. 74, 229 y 384.
[11] Roberto Panizza: op. cit., pp.10 y 21.
[12] Roberto Panizza: op. cit., pp. 18 y s.
[13] Susan Strange: Dinero loco. El descontrol del sistema financiero global, Barcelona, ed. Paidós, 1999, pp. 12, 35-47.
[14] Marta Noguer: "El enigmático mundo de los hedge funds: beneficios y riesgos", en Documentos de economía 'La Caixa', nº 09 (Febrero, 2008), pássim. Disponible en <http://www.pdf.lacaixa
.comincacions .com/de/esp/de09_esp.pdf>
[15] Gregory J. Millman: Especuladores internacionales: los nuevos vándalos, Bilbao, ed. Deusto, 1995, pp. 198 y 213.
[16] Roberto Panizza: op. cit., pp. 10 y 14.
[17] Roberto Panizza: op. cit., pp. 17 y s.
[18] Edward Chancellor: op. cit., pp. 22 y s.
[19] Edward Chancellor: op. cit., pp. 46 y s.
[20] Robert Skidelsky: El regreso de Keynes, Barcelona, ed. Crítica, 2009, p. 117.

sábado, 24 de febrero de 2018

La ofensiva liberal


Banca e independentismo: el ejemplo de Canadá



Por Andy Robinson
CTXT.es, 21/02/2018.

Una de las cosas que me llamaron la atención durante una visita a Montreal el mes pasado fue el papel de las instituciones financieras en los años de tensión ideológica y territorial. Puesto que el encargo era explicar lo ocurrido en Quebec en clave catalana, creo que el asunto tiene mucha relevancia. Y la diferencia radical entre el comportamiento de las cajas y otras instituciones de ahorro quebequenses y los bancos canadienses con sede entonces en Montreal puede demostrar hasta qué punto echaremos de menos aquellas cajas borradas de la faz de la tierra por el gobierno del PP bajo instrucciones del Banco Central Europeo durante la euro crisis

Tal y como se explica en el artículo que publicó La Vanguardia, al comprobar el ascenso meteórico del independentista Partido Quebequense en los años setenta, los bancos más emblemáticos de Canadá se esfumaron tras dar aquel primer golpe de efecto claramente politizado, el llamado “coup de Brink’s” de abril de 1970, cuando nueve furgonetas blindadas de la empresa de seguridad Brink’s, llenas de billetes de 1.000 dólares canadienses, salieron de la sede histórica del banco Royal Trust y no pararon hasta llegar a Toronto. En los siguientes diez años se destruirían 50.000 empleos en el sector bancario.

Pero no se marcharon las mutuas, entidades sin ánimo de lucro que en Estados Unidos se calificarían de credit unions y que, salvando las distancias, en España se llamarían cajas. La red de cajas de ahorros quebequenses, Desjardins, por ejemplo –una sociedad mutua que no responde únicamente a criterios de mercado- desempeñó un papel crítico para la creación de un nuevo tejido empresarial local y francófono, una nueva clase de emprendedores francoparlantes que creó empresas como Cirque du Soleil o la empresa de juegos Ubisoft, inventora del juego Assassin’s creed. Una buena imagen del cambio es el coworking Crew en la vieja sede del Royal Bank of Canada, un edificio imperial de estilo deco en el Viejo Montreal, donde cientos de jóvenes emprendedores diseñan sus starts up en el espacio del viejo banco que abandonó Montreal.

Quebec logró implementar una política industrial que protegía a su economía del peligro de la deslocalización empresarial  y bancaria –bien sea por motivos políticos bien por razones de beneficios empresariales– y esas instituciones financieras semi públicas fueron imprescindibles. El más importante era el gigantesco fondo de pensiones semipúblico Caisse de Depots et Placement que gestiona activos por más de 230.000 millones de euros. “La Caisse sirve para proteger a nuestras empresas medianas de adquisiciones hostiles”, me explicó Alain Gagnon, catedrático de ciencias políticas en la Universidad de Quebec. El fondo ha invertido en empresas quebequenses como la cadena de supermercados Provigo y la papelera Domtar, lo cual ha prevenido cualquier deslocalización provocada por factores económicos o políticos.

Asimismo, la red de cajas de ahorros, Desjardins, apoya a empresas locales. “Es inimaginable que las cajas Desjardins hubiesen salido y montado sus sedes fuera como ocurrió en Catalunya”, dijo Gangon. Uno de los motivos por los que think tanksultraconservadores como el Fraser Institute en Vancouver –citado por ideólogos del PP para defender sus posiciones de negación del derecho a decidir en Catalunya– han arremetido con tanta dureza contra las políticas quebequenses, es el éxito de estos programas de política industrial dirigida por los bancos semipúblicos y la Caisse de Dépôt. Han resultado muy eficaces para permitir una espectacular reconversión de la economía quebequense tras la salida de los grandes bancos y otras gigantes de la economía “anglo”. Y eso preocupa a los neoliberales “anglo” en Canadá, que prefieren el modelo del salvaje oeste de Alberta, con su mercado libre, la financiación especulativa mediante la Bolsa de Toronto y las grandes minas de arenas bituminosas que destruyen el medioambiente.

Dado todo esto, quizás conviene hacer un un ejercicio intelectual, de los que escasean en el demagógico debate sobre la crisis de régimen española. Pongamos que, en vez de en octubre de 2017, hubiese ocurrido hace dos décadas el enfrentamiento entre Madrid y Catalunya por el derecho a celebrar un referéndum sobre la soberanía catalana. (En Canadá se celebraron dos referendos sobre la soberanía de Quebec y, en caso de que los quebequenses quisieran, podrían celebrarse cien más). Pongamos que la gran crisis hubiese ocurrido en 1987 o 1997 o incluso en 2007. Entonces, la Caixa de Catalunya, con su logotipo tan nacionalista y mironiano, aún era una institución que no respondía únicamente a criterios de mercado en sus decisiones de invertir y prestar dinero.

La Caixa, cuando yo llegué a Catalunya en los años ochenta, se parecía más a un hibrido entre la Caisse de Dépôt et Placement y la caja Desjardins. Contaba con una enorme cartera de inversiones y la capacidad para frenar OPAs hostiles en empresas consideradas importantes para el proyecto de crear una economía ajustada a las necesidades del desarrollo local (nacional si se quiere), y también de una red de pequeñas oficinas cuyo objetivo era proporcionar créditos a las pymes catalanas.

Pongamos, pues, que se hubiese celebrado en aquellos años el referéndum extra-constitucional sobre la independencia, y que se hubiese producido la extraordinaria actuación de la Policía en Catalunya que, como me comentó Mario Polese, un economista del Centro de Urbanización Cultura y sociedad en Montreal, “jamás hubiera podido ocurrir en Quebec ni después del asesinato del político canadiense [a manos del Frente de Liberación quebequense]”.

Yo plantearía que, aun siendo una caja, tal vez la Caixa habría actuado como la Caisse de Dépôt et Placement y la caja Desjardins, que permanecieron en Quebec incluso en los momentos más oscuros. A fin de cuentas, como sus homólogos financieros quebequenses, existía entonces precisamente para proteger la economía local (o nacional, si se prefiere) y fomentar su desarrollo. Si este fuera el caso, conviene preguntar por qué la Caixa se convirtió en un banco convencional, regido únicamente por el ánimo de lucro, al igual que aquellos grandes bancos canadienses anglosajones que sacaron el dinero de muchos clientes quebequenses en furgonetas blindadas ante el auge del separatismo.

¿Porque La  Caixa acabó siendo Caixabank? La respuesta, claro, es la crisis del euro. Pese a que esta crisis hubiera sido provocada por los bancos de EEUU que, siguiendo las consignas de su mandato de optimizar beneficios y globalizarse como fuera, habían especulado hasta límites desconocidos en la historia  financiera, la respuesta de Europa al contagio en la zona euro no fue desmantelar los grandes bancos y hacerles actuar en nombre del bien público. No, la respuesta fue convertir las cajas en bancos anglosajones...

Cuando España miraba al abismo de la insolvencia, las recetas que llegaron desde el Banco Central Europeo en Fráncfort decían: “Las cajas son instrumentos politizados, hay que cerrarlas o convertirlas en bancos”. Por supuesto, esta estricta condicionalidad alemana aplicada al programa de rescate vino de perlas a quienes en Madrid siempre prefirieron el modelo Banco Santander al modelo Caixa.

Avanzando aún más en el experimento, quizás esa es la razón por la que los gobiernos europeos han cerrado filas en torno al gobierno en Madrid con tanto entusiasmo, una posición políticamente complicada ya que, como sabe cualquiera que lea la prensa europea, la opinión pública fuera de España está claramente contra la intransigencia de Madrid.

La defensa acérrima de los líderes europeos al Estado español en su defensa de una constitución hecha de piedra (a diferencia de la canadiense) y contra el referéndum catalán no se debe a que, como dice el genio de la evasión fiscal Jean Claude Juncker, el nacionalismo siempre acaba en guerras. No. Según el experimento intelectual hecho en Montreal quedaría claro que el miedo europeo al nacionalismo responde al hecho de que la UE ya representa un proyecto de globalización neoliberal financiarizada en el cual la protección del espacio local (nacional, si se quiere) no es permisible.

Todo local confirma lo que muchos han dicho con acierto en la izquierda catalana y española, sean partidarios de la independencia catalana o no. La banca pública ya es una reivindicación clave para defendernos contra el autoritarismo centralizador compinchado con el globalismo neoliberal. Quebec Solidaire, el partido de la izquierda independentista que empieza a quitar votos al Partido Quebequois lo sabe muy bien. “Estamos hablando mucho de la importancia  de la banca pública y de la protección de servicios públicos como la sanidad, la educación y la vivienda”, dijo Andre Frappier, cartero de correos jubilado y sindicalista que milita en Quebec Solidaire. “Y seguimos convencidos de que para lograrlo hace falta un Quebec independiente”.

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viernes, 23 de febrero de 2018

Forges en el recuerdo


El constante desfile por los juzgados, el triste epílogo de las antiguas cajas catalanas



Por Marc Font
Público.es, 20/02/2018.

El mapa financiero catalán ha cambiado radicalmente en la última década. El último movimiento ha sido el reciente traslado de las sedes de Caixabank y Banco Sabadell, las dos grandes entidades catalanas, a Valencia y Alicante, respectivamente. Antes, sin embargo, el antiguo mapa de cajas de ahorro ya había desaparecido casi completamente, hasta el punto de que hoy sólo conservan su sede en Catalunya dos entidades pequeñas como son Caja de Ingenieros y Caixa Guissona.

Con la excepción de la todopoderosa Caixabank, el grueso de las cajas catalanas pasó a la historia mediante procesos de fusiones y adquisiciones después de que la crisis económica pusiera de manifiesto la pésima gestión que, en numerosos casos, habían arrastrado. En muy poco tiempo pasaron de ser el gran poder económico local a convertirse sólo un recuerdo del pasado, en buena parte salpicado por una desaforada apuesta por el ladrillo en los años de la burbuja.

Fruto de esta gestión, los últimos años han salido a la luz varios escándalos que han llevado a los tribunales a los responsables de algunas de las antiguas cajas.

A partir de este 20 de febrero, empiezan a declarar los 15 exdirectivos de la antigua CatalunyaCaixa citados como imputados en la Audiencia Nacional por un presunto delito de administración desleal que generó un agujero de 720 millones de euros a la entidad. No es el único escándalo de CatalunyaCaixa, ya que una parte de su cúpula, que presidía el ex ministro socialista Narcís Serra, también tiene pendiente el juicio oral por los sobresueldos que se otorgaron. Directivos de las antiguas Caixa Penedès y Laietana también han pisado los juzgados por escándalos varios. Ninguna de estas entidades existe hoy en día.

Hace una década había una decena de cajas de ahorro de cierta dimensión en Catalunya, de las que sólo resiste Caixabank, aunque transformada en un banco. La entidad de la estrella absorbió Caixa Girona en 2010. Las antiguas cajas Catalunya, Tarragona y Manresa se fusionaron para crear CatalunyaCaixa también en 2010. Dos años más tarde, la entidad fue intervenida y rescatada con 12.000 millones de euros públicos y en 2014 pasó a manos del BBVA. La misma entidad abonó un euro en 2012 para quedarse Unnim, que había sido el resultado de la fusión de las cajas de Manlleu, Sabadell y Terrassa. Caixa Penedès unirse a otras entidades del Estado para formar el Banco Mare Nostrum, pero en mayo de 2013 salió para integrarse al Banco Sabadell. Finalmente, la antigua Caja Laietana quedó disuelta en Bankia, otra entidad rescatada con fondos públicos.

La ruinosa apuesta por el ladrillo de CatalunyaCaixa

¿Qué pasó en CatalunyaCaixa? Según la investigación de la Fiscalía Anticorrupción, entre los años 2000 y 2007 —cuando aún se llamaba Caixa Catalunya— la entidad habría participado en una quincena de operaciones inmobiliarias en las que se habrían producido "notables irregularidades".

Según la instrucción, la caja avaló "la mayoría" de las operaciones analizadas "confiando en la palabra" de los socios en la inversión, "sin informes previos externos independientes al proyecto" y sin llevar a cabo "análisis exhaustivos de aspectos como la solvencia y capacidad de los asociados ". Tampoco se habrían llevado a cabo informes jurídicos sobre los contratos de las operaciones.

La Fiscalía añade que casi todas las operaciones analizadas requerían superar trámites urbanísticos "ineludibles" y de "resolución incierta" antes de poder construir las viviendas.

En algunos casos se adquirieron terrenos no urbanizables o, incluso, declarados de especial interés. El mismo Narcís Serra, presidente de la entidad entre 2005 y 2010, resumió la apuesta por el inmobiliario con una frase reveladora: "Hay cajas que tenían una inmobiliaria, pero nosotros éramos una inmobiliaria que tenía una caja".

Los proyectos especulativos iban mucho más allá de su área de influencia y había, por ejemplo, en Murcia o Polonia. Aparte de Serra, que ha sido alcalde de Barcelona, ​​ministro de Defensa y vicepresidente del Gobierno, los principales imputados son Josep Maria Loza y Adolf Todó. Loza era el director general de la entidad cuando Sierra llegó a la presidencia, mientras que Todó sucedió Loza en 2008 y se mantuvo en el cargo hasta el 2013.

Paralelamente, Serra, Todó y 39 personas más que formaban parte del consejo de administración de la entidad en el año 2010 están a la espera de juicio oral, también imputados por administración desleal, por el caso de los sobresueldos a la entidad . Según la Fiscalía, los exdirectivos aprobaron otorgarse a sí mismos "retribuciones e indemnizaciones desproporcionadas" y "ajenas a la situación real de solvencia" de la entidad ".

Prejubilaciones astronómicas en Caixa Penedès

En mayo de 2014 cuatro exdirectivos de la antigua Caixa Penedès evitaron el ingreso en prisión tras alcanzar un acuerdo con la Audiencia Nacional para devolver los 28,6 millones de euros que se habían adjudicado irregularmente en pensiones y prejubilaciones en 2010, justo antes de que la entidad se integrara en el Banco Mare Nostrum. El acuerdo provocó una rebaja de las penas y, por tanto, permitió esquivar la cárcel a Ricard Pagès, ex director general de Caixa Penedès, y en tres de sus colaboradores, Manuel Troyano, Santiago Abella y Joan Caellas.

Curiosamente, días antes de admitir el delito los cuatro condenados habían defendido su inocencia en la Audiencia Nacional. Paralelamente, hace un par de años 760 trabajadores presentaron una denuncia colectiva para reclamar que su plan de pensiones y previsión social se había reducido fraudulentamente en 8,7 millones de euros. Según acreditó la sentencia de la Audiencia Nacional, los exdirectivos condenados fueron los que se apropiaron de los fondos en beneficio propio.

El fraude de las preferentes de Caixa Laietana

Caixa Laietana fue una de las entidades que contribuyó a inflar el enorme agujero de Bankia, posteriormente rescatada con carretadas de dinero público. La entidad de Mataró fue una de las grandes protagonistas de la enorme fraude de las participaciones preferentes.

Según diversos cálculos, la entidad habría vendido este producto financiero a unos 15.000 clientes, una cifra elevadísima teniendo en cuenta la población de Mataró (125.000 habitantes), donde se concentraba buena parte de su negocio.

Con los años, numerosas sentencias han condenado la entidad —ahora ya como Bankia— a devolver el dinero a los clientes, que no fueron informados debidamente sobre los riesgos de este producto. Además, el ex director general de la entidad Pere Antoni de Doria y ex presidente Josep Ibern, además de otros cinco directivos, fueron imputados por un presunto delito de estafa por la colocación de participaciones preferentes a una familia de Vallgorguina. El juicio se celebró hace un tiempo, pero de momento aún no tiene sentencia firme.

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