Por Shangay Lily
Diario Público.es, 20/10/2013.
Desde el sábado 12 Jorge Arzuaga
se ha plantado en Sol, y en nuestras conciencias, para recordarnos que, como
dice en el cartel que, hace ya 9 días, pega cada mañana a la estatua
ecuestre de Carlos III, “Lo que no sirve de nada es no hacer nada”. Por eso se
animó a convertirse en Jorge, el
joven que no probará bocado hasta que dimita el Gobierno.
Jorge planteó unos objetivos
claros desde el principio: “la dimisión de este gobierno que es ilegítimo ya
que ha incumplido el programa que su electorado votó”. Yo añadiría que no sólo
lo ha incumplido, sino que ha hecho lo opuesto a lo que vendieron como su
programa para atacar a sus rivales del PSOE (que ya había hecho lo propio
antes). Por supuesto, el argumento de la caverna mediática, voceros y
propagandistas contratados por el PP, es que eso no es ilegal y que no hay nada
malo en estafar al pueblo para luego hacer lo contrario. Entendiendo este
argumento de “estafar no es ilegal y nosotros tenemos la maquinaria para hacerlo”,
creo que una de las primeras ideas que la acción de Jorge pone sobre el tapete
es la de que debería ser ilegal incumplir el programa electoral, como es ilegal
y punible la publicidad engañosa o fraudulenta.
Pero Jorge no se ha limitado a
pedir con esta acción una dimisión del Gobierno que sabe, el primero, que no es
realista y que en el mejor de los casos nos dejaría en manos del ala más
extremista del Partido Popular, acechando en la oscuridad para pisar el
acelerador en cuanto Rajoy caiga. Jorge pide ante todo la reacción de las
fuerzas sociales y, específicamente, de la izquierda. Porque, al contrario que
muchos de los que se han unido a su acción luego y algunas de las personas que
están circundándole en Sol, Jorge se declara nítidamente de izquierdas. Algo
que le aleja de ese “buenrrollismo” indefinido que conecta peligrosamente con
el anarcocapitalismo de ciertos sectores del 15M o movimientos sociales que
en el fondo están apoyando la antipolítica, la privatización de la
política y la liberalización del sistema que dicen atacar. Si se mejora el
sistema, se le hace más fuerte, no más justo.
De hecho Jorge me comentaba: “Yo
no sólo me considero de izquierdas, sino de muy a la izquierda. Aunque me gusta
más pensar en una lucha de los de abajo contra los de arriba. Yo creo en
derrocar este capitalismo salvaje que nos está devorando. Acabar con el sistema
capitalista que cada vez crea más pobres y más ricos, que aumenta la brecha
entre unos y otros”.
Me alegra saber que Jorge no
defiende una pataleta sin más. Jorge pide la unidad de la izquierda, de los
agentes del cambio social, no de los que quieren que el capitalismo se arregle
para que me incluya a mí o que la opresión cambie de manos para que yo no esté
en el bando de los oprimidos y sea un feliz opresor que ignora a quién está
pisando.
Desde el primer momento a un
grupo de personas que estamos con Jorge, nos preocupa la adhesión a la huelga
de hambre de un número de personas que en algunos casos ni conocen los
#MotivosDeJorge y usan un preocupante “los enemigos de mis enemigos son mis
amigos” como argumentario. Estos días les he repetido que la huelga de Jorge es
muy seria y que si un medio de derechas (o sea, prácticamente todos) les pilla
comiéndose un bocadillo a escondidas, van a acusar a Jorge de también comer.
Igualmente, si una persona sin formación política se une y empieza a poner como
#MotivosDeJorge los suyos (como ocurrió con un señor que pretendía unirse el
tercer día para conseguir que echasen a su hermano del piso heredado de su madre
para dárselo a él, motivos personales y nada altruistas o políticos), van a
acusar a Jorge y a los que le apoyamos de intereses personales.
Jorge no quiere ser el
protagonista o un héroe. “Díle a la gente que yo no soy diferente a ellos. Que
todos somos iguales. Y que si yo he hecho esto, ellos pueden hacer mucho más.
Yo no quiero que se unan a la huelga de hambre, quiero que salgan a la calle y
se organicen contra estos políticos que sirven a los bancos y a los intereses
de las oligarquías. Que la gente reaccione y cree estructuras de lucha”, repite
cada noche cuando le llevamos en el coche a la casa en la que descansará para
no sumar agotamiento al ayuno. Esta decisión la tomamos tras unos cuantos
incidentes desagradables la segunda noche en la que una heroinómana le intentó
robar la manta, entre otros muchos percances.
A pesar de ello se le unió un
grupo de personas que se han sumado a esa huelga de hambre de formas más o
menos serias. A todas les pedimos que estuviesen controladas por el SAMUR y
fuesen conscientes de la seriedad de la acción. Pero repito que ésa no es la
meta de Jorge con esta acción: “me gustaría que la izquierda se uniese y que
los indignados saliesen a la calle a combatir como antes”, me cuenta con un
aire de añoranza. No sabe si lo conseguirá, pero él pone su grano de arena, su
semilla. “Llevo ya años pensando cuál sería la mejor manera de llamar la
atención sobre la inacción y era la violencia o esto”, le cuenta mil veces a
los pocos medios que se han ido acercando.
También ha repetido estas
estrategias a los curiosos que se han ido acercando sin llegar a eclosionar en
aquel 15M. Por eso me decía hoy que era importante que le dijese a la gente que
él agradece el apoyo en redes sociales, pero pide, tanto él como sus
acompañantes, que la gente no se limite a poner un tuit o un estado de
facebook, sino que salga a las calles y se organice para combatir y oponerse a
este sistema corrupto, a este capitalismo que se nutre de su inacción.
El mensaje lo tiene claro, pero
el lento goteo de medios y curiosos no le ha facilitado exponerlo masivamente.
A esto se suma el cansancio que 9 días de ayuno provoca. Quizás por eso, esta
mañana de domingo un periodista de El Mundo me comentaba que su mensaje no era
potente, nada nuevo. “Creo que se te olvida que lleva 9 días sin comer y
repitiendo lo mismo a todas horas”, le respondí molesto y dolido. “Si queréis
fotos, poses y frases coloridas, id a un concierto de Madonna”, añadí
enfurecido. El sistema crea sus propios filtros. Y la sociedad los asimila. Mimetiza
procesos.
Y es que lo más revelador de esta
acción no está siendo lo que ha hecho la sociedad, sino lo que no ha hecho. La
inacción de la mayoría de la población, de las y los políticos, de ciertas
asambleas del 15M que no sólo no han apoyado esta acción sino que la han
boicoteado activamente y, especialmente, de los medios de comunicación que
habitualmente nos informan detalladamente de sucesos morbosos familiares con
detalle casi cómico y que en este caso han vetado la noticia.
El vacío ha sido espeluznante y
lo sigue siendo. Pero Jorge no desiste. “Yo seguiré hasta que el cuerpo aguante
y no entre en procesos irreversibles”, dice con esa determinación de quien
sueña con la utopía y no con el marketing.
Nadie sabemos qué saldrá de esto,
pero sabemos que hemos conocido los #MotivosDeJorge… que son los de muchxs (yo
no estoy de acuerdo con decir eso de “de todxs”, porque no creo que Botín,
Rajoy, Gallardón o la Familia real compartan los #MotivosDeJorge).
Desde ya, gracias Jorge por
aportar unos motivos cuando la mayoría sólo tenía reacciones de última hora.
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