Por María Recuero
El Mundo, 26/04/2014.
La obra social de las (antiguas)
cajas de ahorros pende de un hilo. La reestructuración financiera obligó a las
cajas a convertirse en bancos y a segregar su obra social. Se acabó eso de
destinar una media del 25% del beneficio de la caja a la
fundación. Se acabó eso de ser una fundación dependiente de una entidad
financiera. Ahora se trata de instituciones independientes, que tienen que
sobrevivir con escasos recursos en una España en crisis.
El problema es que el dinero que
llega no es suficiente para mantenerlas y hay casos que corren el riesgo de
desaparecer si no consiguen vías de financiación alternativas. En sólo seis
años, los recursos destinados a la obra social de las cajas se desplomaron casi
un 70% -en concreto, un 68,4%-, tomando como
referencia las memorias anuales que la Confederación Española de Cajas de Ahorros
(Ceca) realiza sobre la obra social de sus entidades.
Es más, sólo en los últimos tres
años, desde que se inició la reestructuración del mapa financiero español, en
2011, el dinero destinado a este concepto cayó casi a la mitad, esto es, un 42,2%.
Las cifras sorprenden cuando se mira atrás y se comprueba que, en tiempos de
bonanza, las cajas llegaron a invertir en obra social lo mismo que el Estado
destinaba a políticas sociales.
En 2008, las cajas destinaron
2.058 millones de euros a evitar la exclusión financiera y fomentar el
desarrollo económico y el progreso social. Ese mismo año, el Gobierno de José
Luis Rodríguez Zapatero presupuestó 2.287 millones para servicios sociales y
promoción social. Es más, el presupuesto del Ministerio de Industria, Turismo y
Comercio para ese año fue de 2.265 millones de euros, partida equiparable
también a los recursos que las cajas destinaron a obra social.
Entre 2008 y 2011, años en los
que el sistema financiero empezó a dar señales de deterioro, el dinero
invertido en obra social se redujo en casi 1.000 millones, más de un 45%.
En 2011, las entidades destinaron 1.124 millones a esta
actividad. Fue a partir de esta fecha -año en el que se produjeron las fusiones
de las cajas- cuando la caída fue mayor. En 2013, la inversión fue de apenas
650 millones, según las previsiones que maneja la Ceca, volviendo así a los
niveles de mediados de los 90 (ver gráfico adjunto). Precisamente, 2008 fue el
año en el que se produjo la mayor inversión.
«El dinero es un bien escaso y
para las fundaciones mucho más», en palabras de la responsable de inversión
social de Cecabank, el banco de las cajas, Inés García-Pintos. «Ha habido un
rescate de la parte financiera de las cajas, pero no de su obra social»,
reconoce a este diario el máximo responsable ejecutivo de la nueva Fundación
de Caja Madrid, José Guirao, que pasó por alto que las cajas eran «una
banca social», pero ahora sólo se pueden dedicar al negocio financiero.
En enero de 2010 el mapa
financiero estaba compuesto por 45 cajas, de las cuales 43 estaban en proceso
de reestructuración. Las dos restantes -Caixa Pollensa y Caixa Ontinyent-
mantuvieron su modelo de caja. «La vocación no ha cambiado, sino la manera de
hacer las cosas y la obligación de tener que replegarse a las zonas de origen»,
defiende García-Pintos.
En marzo de 2012 las cajas
reestructuradas externalizaron su negocio bancario y se transformaron en 12
grupos. A excepción de La Caixa, que ha mantenido su
presupuesto en obra social intacto durante siete años consecutivos -500
millones de euros-, el resto de cajas vio como se hundían sus recursos con la
crisis y la reestructuración del sector. Lo que más sorprende es que de los
650 millones destinados a obra social en 2013, un 77%
procedan de una única entidad, la catalana. El resto redujo sus recursos de
manera vertiginosa.
Así, en el caso de la
Fundación Caja Madrid, los 190 millones presupuestados
en 2007 se convirtieron en 29 millones siete año después. O lo que es lo mismo,
se desplomaron casi un 85% entre ese año y 2013. Incluso, para 2014, los
recursos disponibles volverán a ser 29 millones. «Vamos a intentar sobrevivir
para mantener lo que se pueda», confiesa Guirao. Sin embargo, en los últimos
tres años, esta fundación tuvo que cerrar más de 30 bibliotecas de barrio,
además de una treintena de centros de ocio para personas mayores.
Uno de las soluciones que
encontró para conseguir ingresos fue explotar su patrimonio inmobiliario. La
Fundación Caja Madrid cuenta con 130 inmuebles de los que 42 están cedidos a
organizaciones sin ánimo de lucro, de manera gratuita. El resto está en
alquiler. A fecha de hoy, la fundación consiguió firmar 10 contratos de
arrendamiento. «La intención no es vender el patrimonio, sino
explotarlo», precisó Guirao, que no duda de que se reducirá el número de
fundaciones.
No cabe duda de que el único
colchón que les queda a las fundaciones es reorientar su actividad para obtener
ingresos y mantener así el proyecto. Es por ello que algunas ya definieron
nuevas vías de financiación para conseguir dinero. Entre ellas, poner en valor
su patrimonio a través del alquiler, como en el caso de Caja Madrid, y arrendar
los edificios en propiedad para dedicarlos a actividades culturales. En 2010,
el patrimonio total registrado de la obra social eran 4.274 millones de
euros.
Hay otras que prefirieron
recurrir a los ingresos derivados de la propia actividad. Es decir, cobrar por
entrar en exposiciones organizadas por la fundación. Antes, el coste de estos
eventos lo cubría la propia fundación gracias a la financiación de la caja,
pero hoy debe pedir un precio simbólico por la entrada. «Hay algunas
fundaciones que si no fuera por esto no podrían mantenerse», advierte la
responsable del ramo en Cecabank.
Sin embargo, una de las vías más
recurridas fue la de poner fin a las donaciones y convertirlas en préstamos a
devolver. Dicho de otra manera, «reciclar el dinero», en palabras de un experto
financiero. Si antes la fundación concedía una beca de estudios, hoy da
préstamos para estudiar. Si antes daba formación para empresarios, hoy ofrece
líneas de financiación para proyectos empresariales.
El último recurso que están
usando también estas fundaciones es fuentes de financiación públicas o
privadas. De hecho, la Ceca ya creo una oficina para ayudarles a buscar este tipo
de fondos. En este sentido, hay entidades que están recurriendo a los montes de
piedad para financiar su obra social, según confirmaron fuentes conocedoras de
la situación descrita. Es más, hay quienes consideran que una vía de rescate de
estas fundaciones podría ser la fusión entre las instituciones de distintas
cajas.
En España, hay en torno a 10.000
fundaciones, en total, de las cuales una treintena procede de las
antiguas cajas de ahorros. Lo más llamativo es que éstas son las que acaparan
todo el peso debido al elevado volumen de patrimonio que les dejaron las
entidades.
La crisis dio un vuelco al
destino de la obra social, que pasó de dedicar un 38% a
asistencia social y sanitaria, en 2008, a incrementar ese porcentaje a más de
un 48%, en 2012, atendiendo a los últimos datos disponibles. En cambio, las
actividades culturales y de ocio descendieron de un 35% a un 29% en ese mismo
periodo.
El cambio de estructura de las
cajas obligó a adoptar una nueva configuración en cuanto a sus aportaciones e
ingresos en sus obras sociales. Así, en 2011, el apoyo económico de la entidad
a la obra social suponía un 87% del total de los ingresos. En 2012, ese
porcentaje se redujo a un 75%.
Hay quienes aseguran que 2014
será el año en el que se toque fondo en el sector en materia de recursos. Es
decir, el año a partir del cual empiece a aumentar el presupuesto de la obra
social de las fundaciones. Es el caso del director general de la obra de La
Caixa, Jaime Lanaspa, que reconoció a este diario que «el
conjunto del sector empezará a rebotar a partir de ahora» y que el presupuesto
de 2015 comenzará a ser mayor. Dicho de otra manera, en 2014 se registrará el
menor volumen de inversión de toda la crisis.
La Fundación La Caixa es la
excepción a la evolución que experimentaron el resto de instituciones. Este
grupo fue el única que mantuvo su presupuesto intacto pese a los años de crisis
económica. «Había que aguantar», apunta el responsable de la obra social de
esta fundación, «porque era más necesaria que nunca». «Había que resistir»,
insiste. No obstante, reconoce que a la fundación de La Caixa también le afectó
la crisis, pero optó por ser «anticíclica». Lanaspa calificó la postura
adoptada por la entidad como «un perfil anticrisis». Su propio presidente, Isidro
Fainé, lo corroboró: «La obra social es una parte indisoluble de La
Caixa».
Disponible en:
No hay comentarios:
Publicar un comentario